lunes, 19 de octubre de 2009

MARÍA SANGÜESA: AITANA

Aitana, con dos meses y medio.
Aitana con su padre, mi sobrino Ramón.

De nuevo aquí, con vosotros. En estos días de ausencia han ocurrido muchas cosas, en lo profesional y en lo personal. De lo profesional ya iré comentando en las próximas fechas. En lo personal os muestro a mi primera sobrina nieta, es lo más bonito que ha ocurrido en mi familia desde hace veintitrés años, que es la edad que tiene mi hijo pequeño. Gracias por vuestros mensajes y comentarios, vuestro afecto me da energía, el amor es el motor más poderoso del ser humano. Y no me refiero al amor de pareja, que también debe de ser fuente de fuerza, sino al amor de la amistad, que es el más gratificante que existe. Y el más perdurable, junto al de la familia. Al menos, así lo siento yo. Por este motivo me he tomado la licencia emocional de reiniciar mi presencia entre vosotros con este acróstico dedicado a esta personita que ha llenado de ilusión y esperanza en el futuro a esta escribidora que se está dirigiendo a todos vosotros. Y, por supuesto, a la totalidad de la familia, incluída la feliz bisabuela, mi madre.

AITANA

Alas de luz prendidas en la tierra,
Ilusión posada en una cuna,
Ternura vertida en nuestras almas,
Aitana, nombre de greda y roca,
Nombre de cumbres altas,
Aitana, ecos de cielo y agua.

Arco iris de irisado ensueño,
Unido a un canto de esperanza,
Cadencia de sones y de vida,
Espejo de voces que derraman
Juegos de luces que iluminan
Olvidadas ternuras, por ti halladas.

12 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Preciosa la bebita y precioso el poema.
Feliz regreso y todo lo mejor del mundo para tí.

Besos para las dos.

Soco

Amando Carabias María dijo...

¡¡¡¡¡Bienvenida!!!!!!!
Se te echaba de menos. Espero que haya ido todo bien, muy bien y que todo lo que nos vayas a ir contando sean buenas, mejor dicho, muy buenas noticias.
Un beso.

Isolda dijo...

María, qué bien! ya estás de vuelta, aunque las despedidas no suelen ser agradables. Pero con tu vitalidad, seguro que ya estás pensando en nuevas entradas.
Aitana, siempre me recuerda a Rafael Alberti. Precioso nombre.
Besos y a lo tuyo.

Pepe Gonce dijo...

Aitana es una niña afortunada, entre otras cosas, de tenerte como tía abuela. Bienvenida a tu casa.

Un abrazo.

Beatriz Ruiz dijo...

Seguro que esa preciosidad llegará a ser... Llegará a ser una buena persona humana... En tus palabras siempre se adivina un calor familiar excepcional, así que Aitana tiene ya lo más importante...

Muchos besos...

Maria Sanguesa dijo...

Gracias, Soco, la niña es un bombón que nos tiene embobados a todos los mayores. El poema está escrito desde el cariño. Te mando muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

Ya tenía ganas de estar aquí, Amando, y poder leeros. No sé si os voy a poder contar muchas cosas de las acontecidas, pero alguna buena nueva habrá, o eso espero. Muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

Querida Isolda, leerte siempre me resulta una inyección de vitalidad. También te doy la bienvenida tras tu estancia en Lovaina. Es estupendo saber que estás ahí, con tu alegría y tu espontánea bondad. Muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

La pena, Gonce, es que Aitana y sus padres viven en tierras catalanas y nos vemos muy poquito, ni tan siquiera cuando me desplazo a Valencia. Pero voy siguiendo su crecimiento y sus risas desde las fotos que me hacen llegar. Y espero que ahora nos veamos con alguna frecuencia. Gracias por tus hermosas palabras. Un abrazo.

Maria Sanguesa dijo...

Querida Beatriz, lo importante de las relaciones familiares es tener la confianza de que cuando se hace falta ahí vas a estar, lo mismo que los demás contigo. Encuentros y desencuentros los hay en todos los ámbitos de las relaciones humanas, pero el cariño hace que nunca sean demasiado largas las distancias, ni las ausencias. Un fuerte abrazo.

amor y libertad dijo...

ay, los niños, cuánta vida nos dan y cuánto amor, y a veces cuánta lata y cuánto trabajo, pero compensa (justo eso, "compensa", me dijo mi hermano mayor el día que fui padre por vez primera)

Maria Sanguesa dijo...

¡Cúanta razón tienes, Santi! Y que sabio tu hermano mayor. Un fuerte abrazo.