Este viento es un delirio Resplandece en espuelas Anima de todos los tiempos En noches de presencias Con extrañamientos de fuego La música fulminaba al silencio
Este viento visita mundos de carbón suicidas al rojo vivo en escalofrío eterno
Tenías que disiparte en las tormentas Jinete de la soledad No volverás te esperan ajenos ruedos Toreas otras vidas entre el presagio de algunas cornadas.
II
A galope descampado cruzaba los parajes en busca de su artista del color y lo halló en el fondo del barranco
Olvídate de las razones de Dios en la inmensidad de las alturas y del eco entre las lluvias
Es la soledad la que mata A la orilla de los fuegos más candentes
Salto a mi caballo, no me interesa como los ruiseñores cantan a lo lejos que nos toca vivir más allá de la muerte.
PRESENTACIÓN“LISBOA” ,DE MIGUEL PASTRANA,ATENEO DE MADRID, 24-10-2008
El libro que presentamos hoy, “Lisboa”, de Miguel Pastrana, poeta y Presidente de la Sección de Literatura de esta Casa, tiene un título (y un subtítulo: Hombre y ciudad) que pueden inducir a error; máxime, si consideramos que su autor ha vivido efectivamente varios años de su vida en aquella ciudad. Y digo que pueden inducir a error porque esto podría hacernos pensar en un libro descriptivo, en el que Miguel nos contase una serie de historias más o menos personales, al hilo de su callejear por la Alfama o la Baixa.
No es el caso. En realidad, la poesía que vamos a encontrar aquí es, a mi parecer, de matriz claramente simbolista; y los lugares -como ocurre, por ejemplo, en el mejor Antonio Machado- son lugares del corazón y del recuerdo, antes que sitios reales. Los versos que cierran el poema “Instituto”, por ejemplo, podrían servir perfectamente para caracterizar la relación que, en mucho, es en este libro la del hablante lírico con la ciudad. Dicen así: ¡Oh Instituto mío! / Inalcanzable ya en el reino de los sueños.
He citado a Machado con toda intención. También en él tenemos lugares, personas y hechos vividos, no únicamente imaginados, como ocurre muchas veces en la poesía de filiación simbolista; pero esa vivencia que los sostiene no sirve en su poesía para trazar cuadros de carácter costumbrista -como a veces, equivocadamente, se le ha reprochado-. No es la suya, la de Machado, como ocurre en el costumbrismo, una visión que pudiéramos llamar exterior, desde la que se nos proporcione una serie de observaciones de detalle en las que no es la mirada que las capta lo que está en primer término. Dije: lugares del corazón, y del recuerdo. Los que aparecen en este libro, sin la mirada que Miguel Pastrana les dirige, simplemente no existirían. Porque esa mirada, como la de Machado, no se limita a observarlos, a tomar nota: los constituye. Esos lugares son marcos, no más, de una experiencia enteramente suya. Por eso pueden aparecer sin disonancia, junto a poemas localizados ya desde el título (La Torre de Belem, Alfama, La Baixa y el Chiado...) otros en los que no hay ni la más mínima referencia a un lugar concreto (Sombra en un callejón, las Canciones, Farol...). Lo que los une es justamente el protagonismo de esa experiencia, de esa mirada, completamente personal. De aquí que tampoco disuene en el libro el poema de cierre, escrito muchos años después (Lisboa, el libro, es, según se nos informa en sus propias páginas, de 1993-94, y el poema final, Dueña del Tiempo, de 2007), y escrito además, ese último poema, desde muy otros supuestos; porque también en él, que es un poema de amor, el protagonismo corresponde a la mirada del hablante lírico. Es más, aunque en ese poema final dicha mirada se vuelva hacia lo íntimo, en realidad no estamos cambiando de territorio; porque el Instituto que citaba antes, o los distintos lugares que aparecen en los poemas, pertenecen realmente a esa misma intimidad. Y, como sucedía en un viejo poema de Ana de Noailles, puede decirse del protagonista que, a pesar de las apariencias, ni un solo paso ha dado / fuera de los angostos / límites de su propio corazón.
No se entiendapor esto que Lisboa, la ciudad, es aquí sólo un pretexto. Las que se cuentan son, en efecto, experiencias íntimas, personales; pero también son, allí donde aparecen asociadas a lugares precisos, experiencias situadas. No serían las mismas, de haber ocurrido en otro sitio. Por eso es importante que la Torre de Belem, Alfama, o los otros lugares que aparecen, sean identificados por rasgos que sólo a ellos podrían pertenecerles; que se hable de fados y azulejos, de la Rua Augusta, de Eça de Queiroz o de Pessoa. Como dije, son marcos; pero el marco también es importante en nuestra visión del cuadro, que nos parecería incompleto sin él. Como leemos en la última estrofa del poema En el Chiado, que es la segunda parte del titulado La Baixa y el Chiado, Entre estos rosetones quisiera detenerme / para siempre; dormir, y en asiento invisible, / como Ricardo Reis, mutarme en hierro inerme; / oxidada figura de metal insensible. Lugares, decía, del corazón y del recuerdo, pero lugares vividos, e importantes en cuanto tales; el marco, podríamos decir, forma aquí parte del cuadro, está animado por su misma intensidad existencial.
No importa entonces que podamos no conocer Lisboa, la Lisboa real, o que nuestro conocimiento o nuestro recuerdo de ella no coincidan con los de Miguel; porque lo que aquí se cuenta es, en último término, como decía, una experiencia íntima, en la que todos podemos reconocernos. Lo que verdaderamente importa, en un libro así, es que los lugares sean en realidad vivencias; vivencias que cada lector puede trasladar imaginariamente, encarnándolas en otros sitios, o simplemente recrearlas en su intimidad, prescindiendo de localizaciones concretas. Esa experiencia íntima es lo que este libro nos ofrece, a mi parecer; y esas calles, figuras o muelles de Lisboa que aquí encontramos son verdaderamente (como se dice al final de Manantial de sueños) “sólo esencia; / esencia pura y virgen / de este ubérrimo manantial de sueños.
Y aquí os dejo uno de los poemas de Miguel, que ya publiqué en el blog con motivo de la presentación de Lisboa en el Ateneo, creo que es necesario leer al autor del libro tras haberlo hecho con el magnífico texto de presentación que escribió Cereijo:
CANCIÓN TERCERA
TÚ no eres tú (nocturna paradoja), pues eres yo; dentro de mí, en espuma y en aurora mental.
Eres yo. Yo soy tú, nadie; repoblador de lácteas efusiones.
Tú y yo, nada. Ella quizá, constelación urbana, tinta agónica y eslabón en acuoso haz forjado.
Tú, yo, ella, poco o nada. Entrecortados, sin retoñar o difundir; creación, letra, paraíso mental. Hombre: Nada.
Juego, delirio mío; piel etérea por mí ensamblada, torneada, conformada. Por mí. Yo: nadie, humo evaporado, liviana efusión.
Yo, hijo de Ella, mater helada, hormigón creador. ¿Padre? Un millón de muertos por las flores (y el cielo).
Tú eres yo, aunque no lo sepas (tranquila, yo lo sé) Entre algas y corrientes. Anegado, confundido, kilométricamente despoblado.
Yo soy. En cosmos propio, ionizado, ignoto, colectivo.
No, no eres tú. Soy yo (por eso no te pierdo); y yo, Ella, esto (por eso no te encuentro).
Para seguir adelante con este viaje de alto riesgo que es la vida, hay que concederle una parte al olvido... No sabría decir en qué proporción, puesto que depende de lo que se tenga que olvidar, o a quién tengamos que decirle adiós. Nunca sabemos cuando hay que despedirse, pero en este camino siempre hay que decir adiós en algún momento. A veces, es la muerte quien se encarga de separarte de alguien; pero otras ocasiones se dan cuando sabes que una situación es nociva para tu salud psicológica y moral, o cuando sabes que ha llegado el momento de desvincularse de alguien que ha aparecido en tu vida y, por voluntad propia o ajena, no es bueno seguir compartiendo momentos que no conducen a lugar alguno que sea deseable para ambas partes o para una de ellas. Hace años escuché esta canción de Paco Céspedes, que acababa de publicar su disco, Esta Vida Loca, y, con su voz y esta letra, explicó como nadie lo difícil que es, algunas veces, tener que olvidar a alguien. Y saber que no hay otra alternativa que hacerlo así o verte metido en una historia que te va a sacudir emocionalmente de manera indeseable. En fin: Olvidarte será fácil...
Olvidarte será fácil ya lo sé tengo apenas que dejar de ver el mar y cegarme ante la luz de las estrellas, no ver llegar la luna detrás de un cristal
Olvidarte será fácil ya lo sé tengo apenas que arrancarte de mi piel y cerrar al tiempo puertas y ventanas, no ver llegar la noche ni el amanecer
Olvidarte será fácil tengo apenas que taparme los oídos a los cantos de las aves y al murmullo penetrante de los ríos. olvidarte será fácil te lo digo, es cuestión de no escuchar a mis latidos.
Olvidarte será fácil ya lo sé tengo apenas que matar un sentimiento y tapar al sol entero con un dedo, cambiar mi corazón por uno de papel.
Olvidarte será fácil tengo apenas que taparme los oídos a los cantos de las aves y al murmullo penetrante de los ríos. Olvidarte será fácil te lo digo es cuestión de olvidar que he nacido...
Alguien a quien, todavía, conozco poco y que ya estimo mucho, me regaló ayer un disco de Frank Sinatra. Este tema, A MI MANERA, le da nombre al álbum. Es una canción que siempre me gustó, lo que no es nada extraño si consideramos las proporciones casi míticas de su difusión internacional, en las voces de muy distintos intérpretes. Sus autores fueron Claude François y Jacques Revaux, de nacionalidad francesa, en el año 1967. Paul Anka escribió la letra en inglés, cambiándole todo su sentido original, y Frank Sinatra, con su personal y magistral interpretación, junto a los arreglos que le hizo Don Costa, la llevó a los escenarios de Estados Unidos en 1968, aunque no grabó el disco hasta 1969. El tema parecía hecho a su medida: le investía de una imagen de gran vividor que hacía balance de su vida, en el último tramo de su existencia, con unos toques de arrogancia y descaro que se ajustaban muy bien al reflejo que proyectaba, sobre su personalidad, ante el público. Han sido innumerables los cantantes que la fueron incorporando a sus repertorios, entre ellos puedo citar al propio Paul Anka, Patty Pravo, Julio Iglesias, Raphael, Joan Baez, Robbie Williams, Los Tres Tenores... Pero mi versión favorita siempre fue la de Sinatra.
AND NOW, THE END IS HERE, AND SO I FACE THE FINAL CURTAIN. MY FRIEND, I'LL SAY IT CLEAR, I'LL STATE MY CASE, OF WHICH I'M CERTAIN. I'VE LIVED A LIFE THAT'S FULL, I TRAVELLED EACH AND EVERY HIGHWAY. AND MORE, MUCH MORE THAN THIS, I DID IT MY WAY.
REGRETS, I'VE HAD A FEW BUT THEN AGAIN, TOO FEW TO MENTION. I DID WHAT I HAD TO DO AND SAW IT THROUGH WITHOUT EXEMPTION. I PLANNED EACH CHARTED COURSE, EACH CAREFUL STEP ALONG THE BYWAY. AND MORE, MUCH MORE THAN THIS, I DID IT MY WAY.
YES, THERE WERE TIMES, I'M SURE YOU KNEW, WHEN I BIT OFF MORE THAN I COULD CHEW. BUT THROUGH IT ALL, WHEN THERE WAS DOUBT, I ATE IT UP AND SPIT IT OUT. I FACED IT ALL AND I STOOD TALL, AND DID IT MY WAY.
I'VE LOVED, I'VE LAUGHED AND CRIED. I'VE HAD MY FILL, MY SHARE OF LOSING. AND NOW, AS TEARS SUBSIDE, I FIND IT ALL SO AMUSING TO THINK I DID ALL THAT. AND MAY I SAY, NOT IN A SHY WAY, 'OH, NO, OH, NO, NOT ME, I DID IT MY WAY'.
FOR WHAT IS A MAN, WHAT HAS HE GOT? IF NOT HIMSELF, THEN HE HAS NAUGHT. TO SAY THE THINGS HE TRULY FEELS AND NOT THE WORDS OF ONE WHO KNEELS. THE RECORD SHOWS I TOOK THE BLOWS AND DID IT MY WAY.
YES, IT WAS MY WAY.
Y AHORA, EL FINAL ESTÁ AQUÍ, Y ENTONCES ENFRENTO EL TELÓN FINAL. MI AMIGO, LO DIRÉ SIN RODEOS, HABLARÉ DE MI CASO, DEL CUAL ESTOY SEGURO. HE VIVIDO UNA VIDA PLENA, VIAJÉ POR TODOS Y CADA UNO DE LOS CAMINOS. Y MÁS, MUCHO MÁS QUE ESTO, LO HICE A MI MANERA.
ARREPENTIMIENTOS, HE TENIDO UNOS POCOS PERO IGUALMENTE, MUY POCOS COMO PARA MENCIONARLOS. HICE LO QUE DEBÍA HACER Y LO HICE SIN EXENCIONES. PLANÉE CADA PROGRAMA DE ACCIÓN, CADA PASO CUIDADOSO A LO LARGO DEL CAMINO. Y MÁS, MUCHO MÁS QUE ESTO, LO HICE A MI MANERA.
SÍ, HUBO OPORTUNIDADES, ESTOY SEGURO QUE LO SABÍAN, CUANDO MORDÍ MÁS DE LO QUE PODÍA MASTICAR. PERO AL FINAL, CUANDO HUBO DUDA, ME LO TRAGUÉ TODO Y LUEGO LO DIJE SIN MIEDO. LO ENFRENTÉ TODO Y ESTUVE ORGULLOSO, Y LO HICE A MI MANERA.
HE AMADO, HE REÍDO Y LLORADO. TUVE MALAS EXPERIENCIAS, ME TOCÓ PERDER. Y AHORA, QUE LAS LÁGRIMAS CEDEN, ENCUENTRO TAN DIVERTIDO PENSAR QUE HICE TODO ESO. Y PERMÍTANME DECIR, SIN TIMIDEZ, 'OH, NO, OH, NO, A MÍ NO, YO SÍ LO HICE A MI MANERA'.
PUES QUE ES UN HOMBRE, ¿QUÉ ES LO QUE HA CONSEGUIDO? SI NO ES A SÍ MISMO, ENTONCES NO TIENE NADA. DECIR LAS COSAS QUE REALMENTE SIENTE Y NO LAS PALABRAS DE ALGUIEN QUE SE ARRODILLA. MI HISTORIA MUESTRA QUE ASUMÍ LOS GOLPES Y LO HICE A MI MANERA.
Yérguense entre la espuma de las olas como a través de un desgarrado encaje; y en tropel van subiendo-antes que baje la marea-por los peñascos... Solas,
asidas a las rígidas corolas de piedra y sal, respiran el salvaje viento, impregnan sus ojos del paisaje, tienden al sol sus verdinegras colas...
Es el alba... De pronto, voces, ruidos quiebran el aire límpido y sonoro; hay un revuelo de cabellos de oro y al mar se lanzan raudas las sirenas...
En el agua, al cerrarse, queda apenas un temblor de luceros derretidos...
Este poema, de Dulce María Loynaz, es uno de los que pertenecen a su libro, Juegos de Agua, que tantas veces he dicho que me fascinó de manera absoluta. Para mí, las sirenas de este poema , son una metáfora de su inspiración y de su imaginación, viva y vibrante durante la noche y en reposo durante el día. Ella prefería el silencio y el misterio de la noche para escribir sus versos. Pasaba noches enteras en vela, invadida por la más fuerte inspiración, sin cesar de plasmar sobre el papel sus más hermosos poemas. Las Sirenas, junto a otro poema en prosa, de este mismo poemario, Al Desconfiado, que dice así:
Echa tu red en mi alma: Tengo también, debajo de la sal y de la sombra, mi temblor de escamas plateadas y fugaces.
Han sido el punto de partida de este nuevo libro mío, Juegos de Sirena, donde juego (valga la redundancia), con metáforas de la vida y del alma (o de nuestro ser interior), junto a la afirmación de mi identidad mediterránea. Lo que nunca hay que olvidar es que un autor siempre fabula, cuenta historias que no vive de forma real sino de manera imaginaria, que se poetiza sobre vivencias ajenas, que tan sólo son propias en el momento de ser escritas... En fin, aquí tenéis el punto de arranque de estos poemas que me traje del mar... Un pequeño homenaje a una de mis más admiradas y leídas poetas del siglo XX.
(774) VL Viernes Literarios Fundado e inaugurado en Lima, el 18 de enero de 1991.
XVIII ANIVERSARIO (Lima, 1991 – enero – 2009)
Homenaje a Julio Ramón Ribeyro (Lima, 31-8-1929 – 04-12-94)
Recital Poético: JUAN JOSÉ SOTO NICOLÁS HIDROGO Lectura de Cuento: JAVIER COTILLO DÍA: 14 DE AGOSTO DE 2009 LUGAR: CASA MUSEO MARIÁTEGUI Jr. Washington Nro. 1946 .- LIMA – PERÚ HORA: DE 7 A 9 P.M.
Quienes me conocen de cerca saben que me gusta mucho el rock, me encantan el jazz y el blues, y disfruto con los boleros y el tango. Por no hablar de la música clásica... Pues bien, ahora he descubierto la copla, ya me interesó en la voz del desaparecido Carlos Cano, pero desde él me remonté a Miguel de Molina y a nuestra inefable Concha Piquer, que tiene su museo en Valencia, relativamente cerca de donde vive mi madre. En la actualidad hay dos mujeres que bordan este género, ambas lejos de faralaes y españolismos caducos, pero que han hecho de este género tan nuestro, tan español, un verdadero arte a la hora de cantar, decir e interpretar la copla. He descubierto unas letras que son auténticos poemas, realmente hermosas... Aquí os dejo una, en la voz , maravillosa voz, de Pasión Vega.
No sé de dónde me vino este querer sin sentir, ni sé por qué desatino todo cambió para mí. Porque hasta el alma se me iluminó con luces de aurora al anochecer, Por qué hasta el pulso se me desbocó y toda mi sangre se puso de pie.
Me miraste, me miraste y toda mi noche oscura de pena ardió de lucero, me embrujaste, me embrujaste y un rio de copla cantó por mis venas tu amor verdadero. Si estaré mi vida soñando y tendré que despertar lo que a mi me está pasando no es mentira ni verdad.
¿Qué me diste? ¿qué me diste? que asi me has cambiado de nieve en hoguera de roja pasión no me alejes de tu vera que sin ti no hay pa' mi remisión. No estás viendo que al llamarte como loca desde el alma hasta la boca se me sube el corazón.
No sé si hay otra que quiera con la pasión que yo a ti, vivir de esta manera más que vivir es morir, porque me despierto temblando a solas y miro a la calle desierta y sin luz, porque tengo la corazoná de que vas a darme sentencia de cruz.
Me miraste, me miraste y al mundo mis ojos de frente a los tuyos brillaron de celos. Me embrujaste, me embrujaste y igual que la arena mi torre de orgullo vinieron al suelo. Si será de brujería el néctar de tu querer, que la luz de mi alegría la oscureces tú con él.
¿Qué me diste? ¿qué me diste? que así me has cambiado de nieve en hoguera de roja pasión no me alejes de tu vera que sin ti no hay pa' mí remisión. No estás viendo que al llamarte como loca desde el alma hasta la boca se me sube el corazón.
Esta canción, compuesta por Agustín Lara, es una de las más versionadas y escuchadas dentro del mundo de los boleros. En la voz de Luz Casal, fue el tema principal de la palícula, Tacones Lejanos, dirigida por Pedro Almodóvar. Esta versión, de Chavela Vargas, adquiere unos matices de desgarro que la hacen inigualable. ¿Quién no ha querido que el objeto de su amor - o de su desamor - pensara, alguna vez, en él o en ella? ... ¿Vanidad?, ¿rescoldos ocultos entre las cenizas? ¡Quién sabe!
Si tienes un hondo penar piensa en mí; si tienes ganas de llorar piensa en mí. Ya ves que venero tu imagen divina, tu párvula boca que siendo tan niña, me enseñó a besar.
Piensa en mí cuando beses, cuando llores también piensa en mí.
Cuando quieras quitarme la vida, no la quiero para nada, para nada me sirve sin ti.
Este es uno de los poemas que voy a estrenar el próximo sábado en Creadores Nómadas. Y quiero compartirlo con vosotros. Es un pequeño homenaje a la tierra en la que nací. Fatma y Tara, que acompañaron toda mi infancia marroquí, a veces me llamaban Aixa, es por eso que elegí este nombre, en recuerdo de ellas.
AIXA
Indómita y salvaje tengo el alma. Un negro purasangre me conduce por las cimas del Atlas o el Sahara.
De cedros o de dunas es mi jaima, conmigo llevo cuanto soy y tengo. El viento es mi frontera. Y mi camino un ouad de piedras secas y altos juncos.
Las crines del corcel son mi montura, el aire me señala cada rumbo y nunca se equivoca en sus designios.
Me acompañan mis sueños. Y mis cantos se enredan en las breñas o en las ramas. Camino sin saber de mi destino… Mi raza es beréber, mi nombre es Aixa.
He recibido un E-mail del poeta argentino, Gustavo Tisocco, en el que me comunica la muerte de esta insigne poeta, compatriota de él. Aquí os dejo el enlace para que podáis leer el homenaje que Gus le ha hecho en su blog. Yo no he llegado a conocerla personalmente, pero la lectura de sus poemas siempre me ha resultado muy interesante y enriquecedora. Es una gran pérdida, quienes han tenido la suerte de compartir su amistad siempre han comentado que, además de ser una gran poeta, era una gran persona. Nos dejó el pasado domingo, dos de Agosto. Hasta siempre.
Aunque quiera encender las ramas secas del amor en el fuego y en el vino, siguen llegando ocultos enemigos a comer, está la casa abierta
y la reja del aire teje el marco que apuntala el vacío de las puertas. Acomodo en el mármol las especias y pico las cebollas y los ajos.
Nadie vendrá a completar la escena sentándose a la mesa y a mi lado cebar el mate mientras yo cocino.
Y a fuego lento voy leyendo el diario como si fuera el pan de un nuevo rito destinado a anunciar la última cena.
Hebe Solves nació en Vicente López, Provincia de Buenos Aires, en 1935. Es educadora (Mención especial en los Premios Nacionales de Ciencias de la Educación por su libro “Taller Literario, una alternativa de aprendizaje creador”, 1986); narradora (“El fantasma de la belleza”, 2005); autora de letras de canciones y libros para niños (entre otros, “El caracol mochilero”, poesía, 2005) y poeta (“En lugar del piano”, 1977; “Sombra ajena”, 1981; “Fruta de invierno”, 1984; “Desalojados”, 1989; “El fiel de la memoria”, 1994; y “Pentagrama”, 2005). Vive en Buenos Aires.
Esta canción la he estado escuchando, durante muchos atardeceres, en la terraza del restaurante Al Caminito. Allí iba a cenar con mi madre y algunas de sus amigas, casi todas octogenarias o rozando esa edad. Las tertulias han sido muy interesantes para mí, escuchar sus distintas visiones de la vida, desde sus diferentes situaciones vitales y con tanta experiencia acumulada, me han resultado muy aleccionadoras. Es curioso cómo las viudas solamente recordaban los buenos momentos vividos y lo maravillosos que eran sus maridos. Llevo cuarenta años veraneando en Denia, las conocí cuando eran mucho más jóvenes, y aún tengo en la memoria algunas de las quejas que, por aquel entonces, se les escapaban durante las conversaciones, en los breves momentos en los que me sentaba a tomar un refresco con ellas, para salir corriendo a reunirme con mi pandilla de amigos... el tiempo hace que se idealicen las ausencias, ¡qué peligro! Una tarde, mientras esperaba, se me acercó un hombre que, amablemente, le ofreció agua a mi perrita. - ¿Estás sola? - me preguntó con la intención de sentarse a mi lado. - Pues la verdad es que no. Mire, a este lado tengo la poesía - dije mientras señalaba mi cuaderno -, y a este otro una ausencia. Si contamos a mi perrita, ya somos cuatro, demasiada concurrencia para hacerle algo de sitio. Así que muchas gracias, en otra ocasión será... Por supuesto, me miró pensando que había dado con una loca. Pero se marchó sin rechistar. Os aseguro que la anécdota es cierta. Bueno, el caso es que a Jacobo, el dueño del restaurante, le gusta muchísimo Manolo García, y siempre me preguntaba si nos molestaba la música. Le contestaba que no y, al final, acabó por encantarme. Así que aquí os dejo uno de los ecos que me quedan de estos días de mar, un Edén con Adanes perdidos en busca de su Eva. Qué lástima que una se sienta más bien Lilith y que para ella haya tan poquito quorum.
ME HE SENTADO A ESPERAR
Me he sentado a esperar A ver brotar el sol Que nazca de tu pecho. Y he sabido que no eres diosa o diablo Solo una mujer de carne y hueso. Ni tan solo un Ángel caído, Eso sí, la más bella del Edén Al menos para mí. Sola en tu paraíso, Ni tan solo un Ángel caído. Qué más puedo anhelar que ver nacer el día Desde los acantilados. Qué más puedo anhelar si el tiempo Es un pájaro de alas cortas que vuela alto y fuerte. Qué más puedo saber Cuando los glaciares desaparecen… Me he sentado a esperar, Que somos desde hoy lágrima negra en el mercurio; Salina desecada en cántara de agua, Bulería gitana en el Danubio. Solo Adanes caídos, escamados títeres dolidos, Al menos para mí… Solo en mi paraíso, Ni tan solo Ángeles caídos. Qué más puedo anhelar, Si quiero ando descalzo sobre mi propia conciencia. Qué más puedo anhelar Si la palabra, porfía humana, es puente de mil ojos sobre aguas subterráneas. Qué más puedo saber, cuando no hay sembrados, las escarchas no dañan.