domingo, 25 de abril de 2010

MARÍA SANGÜESA: ESTACIONES

Imagen farm4.static.flickr.com de Internet,

ESTACIONES

Son filos aguzados los raíles

que desgarran mi ser, mi carne entera,

en este ir y venir de tantos trenes

sin un fin de trayecto en nuestras vidas.


Y pasan calendarios de pesares

como vientos plagados de amarguras

que empujan con manos transparentes

su piel de acero y de cristal transida.


Un puñado de ausencias y de adioses

se desgrana ya, gavilla inquieta,

en el beso que da la bienvenida.


En el fugaz cruzar de nuestro instante

ignoran los andenes nuestros pasos,

sin saber del amor que los habita.

16 comentarios:

Flamenco Rojo dijo...

Buen comienzo para un domingo de abril...empezarlo leyendo tu poema.

Un abrazo.

Isolda dijo...

Vaya soneto, María, Imagino con cuánto amor y dolor, al miso tiempo, lo has escrito. Me ha emcionado. Pero sabes que vendrán tiempos mejores y aqui estaremos los amigos para disfrutarlos juntos.

Alena. Collar dijo...

Las estaciones siempre me produjeron una tremenda melancolía...los andenes, que, además parecen también distintos según las otras estaciones, las del Tiempo...
Trenes, estaciones, Tiempo...tanta fugacidad...y sin embargo tú sabes que hay estaciones donde bajarse, donde permanecer, donde dejar la maleta herida de nieblas,viajes, trayectos, y descansar al calor de un café compartido, con la sonrisa que mira, y ve, y entiende.
Me encontrarás en las estaciones, María; esperándote.
Abrazo y perdón por el intimismo del comentario.

El Drac dijo...

Me gusta leer su poesía, este domingo ha quedado acorde con el discurrir de las horas en la mañana pajarina. Un abrazo

Amando Carabias María dijo...

Por una casualidad de la vida, hoy, precisamente hoy, una de mis hijas, se ha pasado la mañan dentro de un tren, sobre dos raíles, ella sí, con fin de trayecto: Cadiz-Atocha...
Me pasa lo que a Alena, las estacioones, por lo menos las de antes, me producían melancolía, tristeza.
Como en tu poema, calendarios de pesares como vientos, un puñado de adioses se desgrana...
Pero, como dice Isolda, ánimo que vendrán los tiempos de las sonrisas y de los encuentros.

María Socorro Luis dijo...

Tus poemas tienen siempre esa mezcla de profundo contenido metafórico y delicada belleza.

Algo tienen los trenes, a mí también me producen una sensación entre dulce y de ansiedad...

Mi cariño, María.

EL PEATÓN dijo...

María. A mi me pasa algo parecido. Los trenes ejercen sobre mí una especial fascinación. Sobre el particular, alguna vez escribí esto: "No me inspiran respeto el uniforme, ni la sotana, ni la corbata “Salvatore Ferragamo”. Pero cuando pasa el tren de la sabana con su locomotora centenaria bramando, siento un estremecimiento reverencial que me induce a saludarlo con un torpe gesto militar que el conductor, condescendiente, me responde con su gorra tiznada de hollín, como si conociera desde siempre mi corazón de ferroviario."

Adrian Dorado dijo...

Hay estaciones vivas y otras muertas.
Las hay como hormigueros y, también, cual cementerios.
Unas atestiguan la ansiedad de un gentío urbano y otras la quietud del abandono en un tiempo de cera.
Crecen, en unas, inmensos basurales plásticos y vejados aluminios; y en las otras, duros, los pastos secos.
Ninguna me es indiferente.
Atragantado trajín cotidiano o eterna melancolía, las hermana el exceso: a una de nosotros y a las otras de silencio.

Sin embargo me place el punto vértice del triángulo que, ficticio, concluye uniendo a los rieles contra restando la solidez del quebracho durmiendo su paralelismo.
Trama empedrada.
Anchos y largos de un tiempo que, como las vidas, transcurren humeantes, a veces blancas y otras, se me antojan, demasiado pretas.

Tiznes, vapores y silbatos que acomodan mi infancia con sabor a miel y coco.
El abuelo tomándome la mano y ambos absortos: pasa la mole de puro acero chirriante.

¿No fue acaso ella, alguna vez, el símbolo del progreso?

Maria Sanguesa dijo...

Gracias, Flamenco, por comenzar un domingo de feria sevillana leyendo mi poemita. Un fuerte abrazo.

Maria Sanguesa dijo...

Los tiempos son ciclos que hay que ir cerrando y abriendo, Isolda. El soneto lo escribí hace unos años, ahora vuelve a estar vigente, por distintos motivos... Los tiempos mejores llegarán, ya lo creo que llegarán, y los celebraremos como corresponde. Pero, de todas maneras, ya es bastante celebración saber que estáis ahí, y, además, ya hemos comprobado que juntos disfrutamos mucho del tiempo compartido. Mil besos, ya desde Madrid.

Maria Sanguesa dijo...

Gracias por tu poético intimismo, Alena, gracias por tu café y tu amistad... la melancolía y la niebla se disipan cuando en el andén hay alguien como tú, transparente y luminoso, que sabe escuchar y tiene siempre la palabra necesaria para dibujar sonrisas y hacer cálido el descanso. Un fuerte abrazo.

Maria Sanguesa dijo...

Me gusta saber que allá, en el Perú, hay un amigo poeta, Drac, que dedica un trocito de su tiempo a leer mi poema en una linda mañana pajarina... un abrazo.

Maria Sanguesa dijo...

Qué bien que llegase tu hija de un trayecto tan agradable como es el de Cádiz- Atocha. Las estaciones están llenas de adioses, de ausencias, por eso siempre producen esa sensación de profunda saudade, aunque se vaya a recibir a alguien querido...
Claro que tenemos que celebrar múltiples encuentros, en distintos lugares, llenos de risas y de buenas noticias... ya comienzo a ver alguna buena nueva haciéndome guiños por las esquinas. Un fuerte abrazo.

Maria Sanguesa dijo...

Ay, Soco, qué mirada tan hermosa sobre mis poemas... mil gracias. La ansiedad de la espera, la dulzura del encuentro, lo describes muy bien, con esa visión tan tierna y poética que tienes de la vida... y que tanta serenidad me transmite cuando te leo. Muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

Tu comentario me ha hecho recordar, Darío, cuando era pequeña y, de camino a la finca de unos amigos, pasaba cerca de las vías del tren, aquel viejo tren de mi infancia, de la mano de mi abuelo y rodeada de una chiquillería compuesta por todos mis primos y hermanas. El maquinista nos saludaba llevándose la mano a la gorra, y todos le devolvíamos el saludo, primero con cierto respeto y temor y luego con alborozo... es cierto que ya entonces me fascinaban los trenes, como a ti, me gustaba imaginar los lugares a los que se dirigía, y quienes serían los viajeros que nos saludaban desde las ventanillas. Cada tren lleva en sus vagones multitud de historias, tantas como personas. Todavía, ahora, divago sobre mis compañeros de viaje, observo con disimulo sus gestos y establezco, en mi imaginación, las relaciones que pueden unirles, los motivos de su desplazamiento... algún día escribiré un libro de relatos sobre el tren. Y tendré en cuenta tus palabras. Un fuerte abrazo.

Maria Sanguesa dijo...

Adrián, qué maravilla de poema nos has enviado. Lo he leído varias veces y me has dejado sin palabras. Hermoso, vibrante...¿Qué puedo decir? Gracias, muchas gracias.