domingo, 27 de junio de 2010

CARILDA OLIVER: BUSCO UNA ENFERMEDAD QUE NO ME ACABE.



Un querido amigo, que vive lejos de Madrid, me ha enviado por correo un regalo que me ha llenado de alegría. Llevaba años queriendo leer este libro, deseaba conocer mejor a su autora, pero había perdido el nombre. A mi regreso de Valencia, tal y como él me había dicho, me encontré con su obsequio. La palabra de Carilda Oliver Labra me ha deslumbrado con su fuerza, con su música, con su universo de sentimientos, sin perder la sencillez de lo cotidiano, de lo cercano. Ya me había adelantado él que si Dulce María Loynaz, mi admirada y estudiada poeta cubana, me gustaba tanto, en cuanto conociera la poética su compatriota, me iba a sentir fascinada. Y así ha sido.
Dejo a continuación una nota biográfica de esta mujer maravillosa. La he copiado de Internet:

Poeta cubana nacida en Matanzas en 1924.
Estudió Derecho en la Universidad de La Habana ejerciendo la profesión en su ciudad natal, donde además dictó cursos de dibujo, pintura y escultura.
Es una de las más sobresalientes poetas de hispanoamérica, ganadora de importantes premios literarios:
Premio Nacional de Poesía en 1950, Primer Premio y Flor natural en el Certamen Nacional, ganadora del Certamen Hispanoamericano organizado por el Ateneo Americano de Washington para conmemorar el tricentenario del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, Premio Nacional de Literatura en 1997 y Premio Internacional José de
Vasconcelos en el año 2002.
Entre sus obras se destacan: «Al sur de mi garganta» en 1949, «Memoria de la fiebre» en 1958, «Versos de amor» en 1963, «La ceiba me dijo tú» en 1979, «Desaparece el polvo» en 1983, «Calzada de Tirry 81» en 1987, «Se me ha perdido un hombre» en 1993 y «Libreta de la recién casada» en 1998.


BUSCO UNA ENFERMEDAD QUE NO ME ACABE...

Busco una enfermedad que no me acabe
sino el dolor constante de la vida:
algo para fingir que estoy dormida
detrás de este temblor de escarcha grave.

Busco un agua cósmica que lave
la lágrima terrible que me oxida;
busco el morir distinto, y voy herida
por la pena vulgar que nadie sabe.

Y así me marcho, sonriendo a todos,
luminosa de gracia y desventura,
con el secreto horror hasta los codos;

callándome en el verso y en la prosa,
para que escriban en mi tierra dura:
esta mujer ha muerto de dichosa.

27 comentarios:

El Drac dijo...

Es triste pero tarde o temprano legan los síntomas que nos empiezan a avisar que nuestra partida está cerca y al leer este poema me encuentro con que la verdadera fuerza de la poesía está en decir de forma bella o cruel simplemente LA VERDAD

Jose Zúñiga dijo...

Interesante parece la autora (que desconozco), como es interesante el poema. Habrá que seguirle la pista.

catherine dijo...

Fingir, esconderse, no enseñar... lo hacemos a veces para seguir adelente. Me habla mucho este poema.
Gracias, Marìa. Te mando todo los besos amontonados para ti.

catherine dijo...

Fingir, esconderse, no enseñar... lo hacemos a veces para seguir adelente. Me habla mucho este poema.
Gracias, Marìa. Te mando todo los besos amontonados para ti.

Paloma Corrales dijo...

Yo no la he leído en papel, tengo envidia de tu regalo, sin embargo leo y releo sus poemas en internet, la muestra que hay en "a media voz" es bastante suculenta, uno de mis favoritos; "Me desordeno, amor, me desordeno..."

Suscribo tu fascinación.

Abrazo grande.

Isolda dijo...

¡Qué belleza María! Tiene una cara preciosa y ya sabemos que es el espejo del alma.
Me encanta este soneto, lleno de rabia y de dolor, donde prima la dignidad.
Bienvenida otra vez y sobre todo, tómalo con calma. Aquí estaremos siempre.
Besos y más besos.

Rosa María dijo...

Busco una enfermedad que no me Cbe... Esto me reconforta después de más de un mes pasando una crisis de gran dolor producido por la fibromialgia. Cuando mis fuerzas se derrumban, me empapo de la clemencia; dice que no mata, pero me empide vivir ¿Cómo debe definirlo? No lo se, ni puedo, pero vivo a ratos y sufro en días, semanas meses etc. Tengo una enfermedad que no me acaba...

Rosa María dijo...

Se me olvidó comentar lo bueno del cambio del blog. Ha ganado muchísimo; claro que lo que más se valora es el contenido, y eso era bueno también en el otro.
Rosa María

Amando Carabias María dijo...

Carilda Oliver, un nombre para memorizar, uno de tantos nombres que desconocidos que ocultan, no una enfermedad, sino una riqueza y una fuerza y una densidad y una verdad como las de este soneto maravilloso.
De nuevo, por mil veces, gracias.

Alena.Collar dijo...

Lee una el soneto de modo superficial y dice, qué alegre...
Y es todo lo contrario. Justamente todo lo contrario. Es el silencio, la máscara, el no decir. Y la reacción de la gente "qué dichosa": absolutamente banal, superflua y quedándose en la superficialidad del ser de ella; "qué dichosa" frente a los impasibles rostros de la indiferencia ajena, que, además, no se entera de qué va la fiesta ni de casualidad.
Terrible y desolador poema.
Abrazos, María.

Mercedes dijo...

No me extraña que hayas quedado fascinada por la poesía de Carilda Oliver, yo he necesitado un sólo verso para estremecerme.
Un abrazo.

egomanías dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
egomanías dijo...

Carilda Oliver Labra es una de esas personas magnéticas que si la conoces no puedes hacer de menos a continuar a verla y lo mismo sucede con su poesía, si la lees difícilmente podrás hacer a menos de su obra. Me alegra que tantas personas la descubran, es uno de esos poetas que debería ser conocido en todo el mundo. Mujer de inteligencia y audacia incomparables, siempre en lucha contra todo tipo de homologación y prejuicio.
@ Paloma digo que los versos que ha citado son entre mis preferidos, así como el Poema que ha citado María en este post.
Si les puede interesar, visto que se habla de escritores cubanos, les aconsejo otra poeta cubana poco conocida en Europa, su nombre es Fina García Marruz. aquí les dejo un poema suyo de 4 pequeños versos, pero de una intensidad increíble:
“Cine Mudo”

No es que le falte
el sonido
es que tiene
el silencio.

Un abrazo a todos lo lectores y un beso para ti, María.
Leo

Beatriz Ruiz dijo...

Te leo de nuevo... Me gusta.

No conocía a Carilda y mucho a Dulce María Loynaz...

Es tremendo, y mucho más por todo lo que no dice...

Besos...

Flamenco Rojo dijo...

Feliz de volverte a leer...Un acierto haber traido a Carilda Oliver, a quien no conocía.

Un beso.

Maria Sanguesa dijo...

Es un poema desolador, pero bellísimo, Drac... a veces, no hace falta que nuestra partida esté cerca, basta con que se muera algo en nuestro interior. Un beso.

Maria Sanguesa dijo...

De verdad, José, que es algo más (bastante más) que interesante. Es una pena que no la conozcamos, yo la descubrí hace seis o siete años y olvidé su nombre, por desconocido... ha sido providencial que la vida y la amistad me la hayan traído de nuevo. Besos.

Maria Sanguesa dijo...

Así es, Catherine, hay momentos en los que nos morimos de pena y de sonrisas... los demás no comprenden o no ven. Montones de besos.

Maria Sanguesa dijo...

Exactamente ese poema, Paloma, es el que guardé todos estos años y me hizo desear conocer a esta poeta. Te lo dejo aquí, para tí y para quienes no lo conozcan:

Me desordeno, amor, me desordeno...

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

Gracias por tus palabras y tu sintonía poética. Muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

Gracias por estar ahí, lo sé y me reconforta.
La belleza de una mujer, muchas veces, es una especie de maldición... la mayoría de los hombres (y muchas mujeres), se quedan en la envoltura, no ven más allá de la cáscara, no entran en la profundidad de los sentimientos, de los pensamientos, del alma... y generan un desamparo y una soledad enorme a quienes, como Carilda Oliver, presentan un hermoso rostro y una inmensa tristeza en la mirada. Muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

Muchas gracias por tus palabras, Rosa Mª, me alegro de que te guste el nuevo aspecto del blog.
Sí, la fibromialgia es una enfermedad dolorosa y, hasta hace muy poco, desconocida. Pero me llegan noticias de que se va avanzando mucho en su estudio y, en muchos casos, no es irreversible... aunque vencer los constantes dolores es un proceso lento y desesperante. Es fácil desearte ánimo, cuando los dolores son tuyos, ya lo sé... pero te lo deseo con toda la fuerza y toda la energía que me es posible enviarte. Muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

Merece la pena buscarla y leerla, Amando, y su poética no contiene otra enfermedad que la de su desamparo interior, aunque también tiene otros temas de una lírica y una sensualidad desbordantes...
Muchos besos y gracias por tu amistad.

Maria Sanguesa dijo...

Tu lectura del poema es idéntica a la mía, Alena, has dado en la diana. Y sé que sabes por qué lo he escogido. Te mando muchos y fuertes abrazos.

Maria Sanguesa dijo...

Gracias, Mercedes... a mí me hecho llorar, pero llorar de verdad, con algunos de sus poemas de tan intenso que ha sido el estremecimiento y la empatía que he sentido al leerla. Te mando muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

Tomo nota de Fina García Morruz, su breve poema es de inmenso contenido, Egomanías. Estoy de acuerdo con cada una de tus palabras... gracias por todo cuanto aprendo sobre poetas cubanas y por tu generosa amistad. Muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

Querida Beatriz, gracias. Si lees a esta mujer, siendo además mujer, te enganchas a ella sin remedio... aunque tengo que decirte que son los hombres quienes la adoran. Muchos besos...

Maria Sanguesa dijo...

A mí también me alegra estar aquí, Flamenco, no sabes cúanto... y saber que los flamencos estáis ahí, en la serranía andaluza y de vacaciones, como una piña... Muchos, muchos besos.