sábado, 16 de abril de 2011

MARÍA SANGÜESA: ZAPATO DE CRISTAL


Me marcho unos días fuera. Os dejo un micro. ¡Hasta pronto!


ZAPATO DE CRISTAL

Hubo una gran conmoción en palacio. La bella desconocida había perdido un zapato de cristal, en la escalera. Un zapatito mínimo y transparente, suficiente evidencia de que había estado allí, sin dar a conocer su nombre, con prisas, y tan seductora que el príncipe no podía pensar en otra cosa que no fuese en la emoción de haber tenido sus manos alrededor de su talle y la mirada prendida de aquellas misteriosas pupilas.
Los ministros, acompañados de sus lacayos, cumplieron las órdenes del heredero del trono. Recorrieron la ciudad, mientras portaban aquel translúcido zapato en las manos, bien protegido por una caja de terciopelo revestida de algodón. El primer ministro, en persona, se lo iba probando a todas las jóvenes casaderas del reino.
No dejaron de visitar a ninguna de las jovencitas cuya edad estuviese comprendida entre los dieciséis y los veinticinco años. Hasta que, por último, llegaron a un chalet situado en uno de los extremos del principal barrio residencial, propiedad de un rico comerciante que había traído a su hija, la mayor de todas las que habían nacido de sus tres matrimonios anteriores, desde Londres, para que trabajase de baby-sitter de los mellizos que había tenido con su nueva esposa. En cuanto la joven se calzó aquel zapato, brillante como una copa, su pie entró sin la más mínima dificultad. Con gran alborozo fue llevada, casi en volandas, por los delegados reales hasta el palacio del príncipe.
El joven heredero, tras haber recibido con gran emoción a la bella desconocida, manifestó que deseaba contraer matrimonio con ella y se quejó de lo larga que había resultado la investigación que habían llevado a cabo sus ministros, ya que la ciudad era relativamente pequeña y todo el mundo se conocía. Expuso, con gran autoridad, que tenía que haber sido mucho más fácil encontrar a la única desconocida que habitaba dentro de aquel exiguo casco urbano. El primer ministro se inclinó de forma servil, ante él, mientras pedía excusas por su incompetencia. Aquella reverencia ocultó, a los ojos del heredero, la sonrisa que curvó sus labios. No podía evitar el hecho de recordar el suave tacto de todos aquellos jóvenes piececitos que había ido acariciando, mientras fingía probar aquel zapato de cristal. Ni la mirada cómplice de aquella ambiciosa baby-sitter

7 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Ciertas cosas conviene hacerlas uno mismo.
Genial vuelta de tuerca al cuento. Estamos en un mundo en que la pureza parece que sólo está reservada para los cuentos infantiles.
Te echamos de menos ya

ANTONIO CAMPILLO dijo...

¡Oh, pícara, pícara y pícara! Sonríes a quien te acarició levemente ya que quien te tuvo no supo hacerlo.

¿Ambiciosa…, malvada...,? No, creo que sensual y racional.

Es un delicioso cuento sobre una chica que conoce el mundo moderno, María.

Su proceder me recuerda a alguien. ¿Soy mal pensado?, ¡nooo...!, antimonárquico solamente.

Felices vacaciones. Un abrazo.

Isolda dijo...

Me ha encantado María. Esa sonrisita oblícua es la clave del micro. Sorprendente y genial. Que disfrutes de estos días junto al mar.
Besos siempre, tal vez de cuento o de sirena...

María Socorro Luis dijo...

Qué bueno, María... esa cenicienta no era tan inocente...

Se feliz estos días. Muchos cariños.

Leonel Licea dijo...

Creo que hoy no podía ser de otro modo escrito por ti, María, el giro final no solo sorprende sino que da a la historia un toque de modernismo y actualidad que me gusta mucho.
Te mando un fuerte abrazo y un beso.
Leo

Beatriz Ruiz dijo...

Mi amiga...

Es genial, ya lo dijeron los amigos... el final, por inesperado me parece fantástico...

Pásalo bien y disfruta un poco de mi parte...

Besos...

Mª Luisa dijo...

¡Vaya con el "podófilo"!