martes, 31 de mayo de 2011

MARÍA SANGÜESA: ÁNGEL DESOLADO


ÁNGEL DESOLADO


Señor, mi queja es ésta, 
tú me comprenderás; 
de amor me estoy muriendo, 
pero no puedo amar. 
(Alfonsina Storni)

Un ángel desolado me contempla,
desde el fondo de tu abismo.
Me lacera el dolor de tus heridas,
siento mía la sangre que fluye en tu costado.

Quisiera desclavarte, ungir tu cuerpo
con caricias y bálsamo de azahares.
Quebrar el látigo implacable que flagela
tu piel transida en el madero.

Quisiera sembrar vida en tu agonía,
estrechar tu pena hasta que huya,
y ver que en tus pupilas nace el sol.

Quisiera rasgar el paño de pureza
que castra tus caderas y te oprime,
ahogando la pasión que condenamos
al tiempo, a la nada, al vacío.

Ángel de desamparo que me miras
en vuelo de esperanza,
deseo tejer contigo amor y hoguera,
quiero entregarme a ti, tender mis brazos.

Mas no puedo alcanzarte,
los clavos de mis manos me lo impiden.






11 comentarios:

Fernando dijo...

María Sangüesa: un poema muy triste y evocador del terrible sufrimiento de Cristo en su cruz. Meditar sobre esta situación estremece y nos salva tu poema de amor, que desea estrechar tu pena hasta espantarla y entregarse a él para trenzar con él amor y llamas. Precioso poema, María. Un abrazo muy fuerte.

mercedespinto dijo...

Me hiciste vivir ese sentimiento de impotencia que se experimenta cuando nos sentimos dolorosamente limitados e impedidos para ayudar a alguien a quien queremos; para salvar al mundo.
¡Qué duro!
Un abrazo.

RAFAEL LIZARAZO dijo...

Hola, María:

Muchas veces nos pasa lo mismo: Hay ataduras que como clavos nos impiden obrar y nos dejan sumidos en la impotencia.

Gracias por tu amistad.

Abrazos.

Quino dijo...

Hola María,

hay dos cosas: una por un lado del sufrimiento que te ves impotente ante el mismo y dos que muchas veces hay clavos o ataduras como si te crucificaran.

Buena entrada.

Un fuerte abrazo.

Leonel Licea dijo...

Con cuanta delicadeza nos describes la desolación de quien sufre por ataduras que impiden el amor. Es un poema de exquisitez absoluta, Marìa, de altos vuelos en lirismo que te distingue. Me encanta leerte.
Un abrazo fuerte y mil besos.
Leo

Flamenco Rojo dijo...

Triste...menos mal que sólo es un poema...quiero decir nada más y nada menos que un poema.

Un abrazo.

Ángeles Hernández dijo...

Los clavos que nos atan al madero, que además de herirnos nos impiden ir hacia el que nos llama...

Es bello y es triste lo que escribes , María, y es además tan cierto que leyéndote he de empezar a appender a enterder al otro y a entenderme.

Un abrazo Á.

Isolda dijo...

Es un poema impresionante. No creo haberte leído nada parecido. Muy duro, querida María. Pero esas imágenes incitan a amar desesperadamente, pese a todo.
Hermosísimo. Besos de felicitaciones.

catherine dijo...

Me gustan los ángeles y existe este ángel del desamparo...
Cada uno con sus clavos, que verdad más grande, que poema más hermoso.
Un beso, María.

Amando Carabias María dijo...

¿Cómo lograr el verdadero encuentro entre los humanos, cuando todos estamos cosidos a nuestra cruz con clavos que taladran nuestra carne?
María, tremendo poema. Coincido con Isolda en que hasta ahora no había leído nada semejante en tu obra. Estremece y hace que uno reflexione sobre sus propias ataduras.
Es un poema que, en cierto sentido, nos lleva a la desesperación. Tiene que haber alguna manera de poder desenclavarnos, poder saltar como gacelas para desenclavar otras manos, restañar heridas de costados y limpilar llagas de flagelos... Tiene que haberlo y quizá versos como eston sirvan como tenazas para arrancárnolos y para gritar como Machado que en quien uno espera no es el que anduvo en la cruz, ese que que todas las primaveras espera la escalera, sino quien anduvo sobre el mar.

Charcos dijo...

wow María, me hiciste temblar y muchísimo.

besicos muchos para ti