Aviso e invitación:Yema con fe
yema con fe
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Único Recital de poemas de:Jorge Luis Arcos y Santiago Méndez AlpízarCon la participación especial del cantautor, Julio Fowler y la violinista, Gladys Silot
El 18 de Febrero a las 21:30 lo podrás ver en Libertad 8
Un blog en torno a la Literatura y eventos personales relacionados con esta materia.
martes, 17 de febrero de 2009
lunes, 16 de febrero de 2009
DULCE MARÍA LOYNAZ: BESTIARIUM, LECCIÓN QUINTA
DULCE MARÍA LOYNAZ: BESTIARIUM, LECCIÓN CUARTA
sábado, 14 de febrero de 2009
DULCE MARÍA LOYNAZ: BESTIARIUM, LECCIÓN TERCERA
viernes, 13 de febrero de 2009
DULCE MARÍA LOYNAZ: BESTIARIUM, LECCIÓN SEGUNDA
jueves, 12 de febrero de 2009
DULCE MARÍA LOYNAZ: BESTIARIUM, LECCIÓN PRIMERA

LECCIÓN PRIMERA
Tegernaria doméstica
(Araña común )
La araña gris de tiempo y de distancia
tiende su red al mar quieto del aire
pescadora de moscas y tristezas
cotidianas...
Sabe que el amor tiene
un sólo precio que se paga
pronto o tarde: La Muerte.
Y Amor y Muerte con sus hilos ata...
Dulce María Loynaz escribió "Bestiarium" en los años veinte del siglo XX, en La Habana. No fueron publicados hasta 1991. Son veinte poemas dedicados, cada uno de ellos, a una especie zoológica. Los escribió como una especie de ingeniosa venganza dedicada a uno de sus profesores de bachillerato, que no quiso aprobarla en un examen de Historia Natural por no haber llevado un prontuario con la descripción de varios ejemplares del mundo animal, vegetal y mineral. De haberse publicado antes, habrían sido considerados como precursores de la poesía vanguardista cubana pero permanecieron inéditos durante setenta años, resultando asombrosos por su originalidad, sin precedentes, en el mundo poético cubano.
TIEMPO, María Sangüesa

TIEMPO
Sin ti, amor, hubo un largo tiempo.
Un tiempo que fue tan sólo tiempo.
Un tiempo de diques y silencios.
Un hondo tiempo oscuro de aguas presas,
detenidas, medidas en relojes
sin agujas, sin cuerda, sin arena.
Un tiempo remansado en los cristales
de una inmensa clepsidra polvorienta,
cubierta por olvidos, por desdichas,
por sórdidas rutinas y despechos.
Sin ti, amor, hubo un largo tiempo.
Un tiempo que fue tan sólo tiempo.
miércoles, 4 de febrero de 2009
"LUMBRES VELADAS DEL SUR": WILLIAM NAVARRETE, por María Sangüesa



Hace unas horas tuve el privilegio de presentar este poemario junto a Alberto Lauro y el autor del mismo, William Navarrete, en La Alianza Hispánica. El poeta leyó varios de sus poemas, que fue intercalando mientras yo leía el texto que le he dedicado. Cerró el acto el gran bailarín marroquí Driss Lemfarrak.
LUMBRES VELADAS DEL SUR
Lumbres Veladas del Sur es un poemario que irradia belleza y sensualidad. En él, William Navarrete, ha conseguido crear una fuerte corriente que arrastra nuestra mente, nuestro espíritu, hacia otro espacio, hacia otros ámbitos ajenos a nuestra realidad occidental. Nos introduce en un mundo luminoso cargado de voces y de aromas, de paisajes habitados por gentes que viven y se mueven en un laberinto de calles sinuosas, de plazas pobladas de sonidos que se expanden en un estallido multicolor, donde el sol o la luna alumbran cantos y conversaciones, impregnadas de esos olores únicos, a especias y a perfumes extraños, que hacen del aire de Marruecos una parte más de su inigualable paisaje y acentúan su intangible misterio.
Sus poemas parten de la maravillosa ciudad de Marraquech para ir abriéndose a sus territorios circundantes.
Creo que debo mencionar algo sobre la historia de este lugar, puesto que toda ella ha ido perfilando el patrimonio artístico y cultural de esta singular ciudad. Marraquech es una urbe de origen beréber, fue la ciudad que le dio nombre al país en el que se alza: Marruecos. Aunque podemos decir que su auténtico origen, en realidad, permanece oculto en el misterio, se especula con la posibilidad de que éste sea caucásico, e incluso se le ha vinculado, por la rareza de su lengua semítica, con el pueblo vasco…¡quien sabe!
Durante el Imperio romano, el emperador Augusto casó al heredero de la monarquía de Marraquech, Juba II, con una hija de Marco Antonio y de la mítica Cleopatra. Y, hasta que Calígula llegó a liderar el Imperio, este territorio africano mantuvo su autonomía. Más tarde, cuando el Imperio Romano cayó, se escindió en numerosas tribus muy belicosas entre sí. Hacia el siglo VIII, de nuestra era, fue sometido por el sultán de Bagdad, que tuvo que hacer frente a los numerosos levantamientos de tan indómito pueblo. No se islamizaron hasta que los árabes conquistaron Hispania, siendo su historia bastante paralela a la nuestra. Entre 1050 y 1060, Yusuf ben Tasfin, al frente de los Almorávides, se adueñó de las principales rutas comerciales y, junto a su hijo Alí ben Yusuf, importó a esta ciudad la rica cultura de Al- Andalus. De esta manera comenzó el esplendor cultural y el florecimiento artístico de Marraquech, tan imbricado a nuestro sur peninsular.
Hecho ya este pequeño apunte histórico, es William quien nos sitúa dentro de la ciudad, al pie de la cordillera del Atlas, el más imponente sistema montañoso de África, frontera entre las fértiles vegas norteñas y el desierto del Sáhara.
Su primer poema, “Canto al pie de los Atlas”, es como una introducción al recorrido a través del cual nos va a conducir, de la mano de su fulgente palabra, por las páginas de su libro. Me voy a permitir reproducir la tercera estrofa de este emocionante poema:
“Yo sólo siento que me fundo
lentamente, irresistiblemente,
detrás de sus miradas,
donde se esconden los juegos y las danzas
que cerca de las fuentes compartimos
ajenos a los dogmas de Los Libros.”
Desde este instante, ha conectado con el alma de la ciudad, con el espíritu de sus bulliciosas y hospitalarias gentes; se ha rendido a su encanto, y sus versos van a ir naciendo de una mirada que resulta tan intimista como deslumbrada por cuanto le rodea.
En “Plegaria del Sultán Ahmed Al- Manssur”, para los españoles Almanzor, que fue quien en el S. XII, venció a los cristianos en la batalla de Alarcos. En este poema nos da su visión sobre la impresionante Al- Bahya y su sultán, Mulay. El lugar es de una belleza decadente y absolutamente romántica. Está formado por las ruinas de lo que fue un gran palacio y por una mezquita de increíble decoración, tanto dentro como fuera de sus muros; atravesando las ruinas del palacio se accede las tumbas Saadíes, un verdadero despliegue de imaginación sobre mármol, madera y escayola, logrando un conjunto tan espectacular que conmovió al poeta hasta hacerle escribir uno de los más intensos poemas de su obra.
Después, hace una pirueta en el tiempo para llevarnos hasta “Majorelle”, un palacete de estilo Naïf, construido hacia 1920 por el pintor francés Jacques Majorelle, y que está concebido como una especie de ensoñación sobre el exotismo de Marraquech. El lugar, aunque puede ser visitado, es propiedad de la familia del modisto, Yves Saint Laurent, fallecido recientemente. El poeta nos hace sentir este paisaje, hasta llegar a fundir, tanto nuestra piel como nuestro espíritu, con la armonía conseguida entre las formas desbordantes de su arquitectura, los tonos añiles de los muros, la gama de verdes y rojos de las buganvillas y la propia vida que late en su entorno…
“Cabalgata de Ausentes”, nos desliza por los vericuetos de la Medina, entre aromas a canela y azafrán, perennemente acompañados por aquellos gritos que algunas veces nos pueden parecer casi cánticos, de los mercaderes. Aquí hace una evocación muy profunda y melancólica de la imagen materna, entresacada de una cita de Abdellatif- Laâbi, sobre lo inmenso de su soledad interior.
Esta soledad se acentúa en”Ciudadela transida de luz” pues nos sumerge en una honda reflexión sobre las mujeres y su aislamiento, tras los muros de las silenciosas casas que se extienden a lo largo de la impresionante muralla.
Su registro poético cambia radicalmente al transportarnos, en el “El gran Halka”, a la plaza de Jemaa-el- Fná. Centro neurálgico de Marraquech, allí se desarrolla la deslumbrante vida de la ciudad, en un variopinto derroche de mezclas de músicos, saltimbanquis, comerciantes, encantadores de serpientes, bailarines, cafés y restaurantes…Una increíble sinfonía de aromas y sonidos, de voces y cantos, a cualquier hora del día o de la noche que nos transmite bajo la imponente presencia de la Kutubia, la torre gemela de la Giralda sevillana, con una destreza poética que es todo un regalo para nuestros sentidos. Este poema lo ha dedicado a otro gran escritor, Juan Goytisolo, que, al igual que él, quedó atrapado y fascinado por la exótica y múltiple belleza de tan singular lugar.
En “Rapsodia del Ouad Seco”, ya nos sitúa fuera de la urbe. Un ouad es un río que permanece seco casi todo el tiempo y que tan sólo se llena de agua cuando, muy de tarde en tarde, llueve. Su descripción del cauce convertido en erial es la más lograda que he leído nunca, así que no puedo resistirme a la tentación de reproducirla:
“Lecho de gravas, ouad sin llanto,
que como un sable afilado
atraviesas el valle de laureles,
no cuentes con las lágrimas del hombre
para llenar tu garganta seca”.
Luego, el autor nos lleva hacia la orilla del mar, en el intenso poema ”Magia de los hierros”, que es una evocación del cabo Mogador, lugar que nos describe como una ciudad dormida entre las rejas, las olas y el desierto.
En “Hamman” vuelve a introducirnos dentro de la vida cotidiana de Marruecos, los hammans son los baños públicos, lugares de reunión de cualquier población marroquí. Allí se toman baños de vapor entre hojas de eucalipto que aromatizan el húmedo aire, para continuar dejando que nuestros cuerpos sean recorridos por las expertas manos de unos masajistas que los ungen de aceites y esencias y nos hacen salir de allí totalmente reconfortados y renovados, siempre envueltos por el murmullo de las voces que charlan o cantan, transmitiéndonos esa vida, siempre bullente, que anida entre las paredes de las ciudades marroquíes.
“Ouikameden” nos eleva a las cimas del Atlas, entre imponentes cedros y abetos. Aquel paraje es hoy día una estación de ski, donde la nieve y el paisaje alpino sorprenden a todo aquel occidental que llega hasta sus altas cumbres. Su belleza es agreste, salvaje, diferente a cualquier otro lugar del mundo donde también reinen los bosques y la nieve, ya que el desierto del Sáhara comienza cuando se desciende de sus escarpadas alturas.
Al llegar al poema “Encuentro galante en la Menara”, vemos que la sensualidad de los versos se desborda. La Menara es un inmenso bosque de olivos que tiene un sorprendente lago artificial en su interior, sobre éste se alza un palacio construido para una princesa de legendaria hermosura. Ante esta imagen de cuento de hadas, el poeta nos hace vivir un encuentro amoroso con la musa de tan mágico enclave. Sus palabras reviven lo que supuso aquella lejana historia de amor, pero desde la óptica de nuestro vívido presente.
“El detentor de la memoria”, es una sucesión de imágenes coloristas y pintorescas que reflejan el arte de vender de los habitantes del Zoco, en este caso el de Smarine, sumergiéndonos entre las voces de los tahúres y jugadores que se confunden con los puestos de los mercaderes como si se tratase de un irremisible rito ancestral por el que se entrecruzan pasos y miradas a lo largo del discurrir de los siglos, y que podrían llegar a desembocar en el hastío, del que se salvan por el propio juego de la vida que transcurre bajo la luz, el color y la renovada sorpresa que aguarda, a quien camina, casi en cada esquina.
“Paul Bowles en In Salah”, es un hondo homenaje al este escritor que se enamoró de la ciudad de Tánger y que nos dejó una novela tan magnífica como “El cielo protector”. Aquí su tono se va tornando irónico al reflejar la realidad actual del lugar que este autor habitó, para hacer después un quiebro sobre la nostalgia que suscita su ausencia y el tiempo transcurrido entre sus huellas y la resonancia que éstas dejaron en lo que ya no tiene retorno, el pasado.
“Jarcha de amor” es un breve poema construido en esta modalidad de tan profundas raíces medievales y árabes. Podemos decir que es un cántico en toda la dimensión de su significado ya que las palabras parecen acariciar nuestros oídos como si se tratara de las notas de un laúd, mientras nos va narrando todo el esplendor sevillano, que fue trasladado a Marraquech como último vestigio de cuanto tuvo que ser abandonado en la siempre añorada Al- Andalus.
Por último, “Oda marcial”, es ya su despedida En ella alude de manera firme pero también poética al monarca alauita, hasta convertirle en su interlocutor mientras le ruega, casi una oración, por su tierra y por quienes la están habitando, trenzando un canto de esperanza y de tristeza. La esperanza nos la muestra en unas imágenes de gran calidad plástica, sugiriendo un paisaje que puede ser renovado por el agua y por el verdor que ésta puede llegar a esparcir a su paso. La tristeza se nos abre ante la pobreza, la enfermedad y el descuido que imperan dentro de un patrimonio tan espectacularmente rico en cuanto a su belleza. Quiero terminar con los últimos versos de “Lumbres Veladas del Sur”:
Soy demasiado pobre
Y no puedo ofrecer
mas que este canto,
tal vez incompleto, difícil,
tal vez afónico, quizás muerto.
Tómalo tú,
que puedes transformarlo.
Y encaja para siempre,
con firmeza,
tu corona de riquezas
en mi verso.
Sólo me queda decir que William Navarrete nos ofrece con este poemario un canto rebosante de vida y de música, la de sus versos. Y que lo corona con la insuperable riqueza de sus deslumbrantes palabras.
María Sangüesa
POEMAS DE WILLIAM NAVARRETE

CANTO AL PIE DE LOS ATLAS
Yo no conozco la historia de estos hombres,
apenas sabría distinguirlos,
encapuchados o desnudos
entre las nubes de eucalipto de sus baños
o en el ruido ensordecedor de sus plazas
donde quedos escuchan al demiurgo de otros tiempos.
Yo no los reconozco
porque ignoro incluso si me hablan o me cantan,
o mi invitan a tomarles de la mano
como a veces se toman entre ellos
cuando la luz del día se confunde
con los faroles mortecinos de sus zocos.
Yo sólo siento que me fundo
lentamente, irresistiblemente,
detrás de sus miradas,
donde se esconden los juegos y las danzas
que cerca de las fuentes compartimos
ajenos a los dogmas de los Libros.
Yo busco, paciente al pie de tantos muros,
que sus miradas prisioneras
y la mía de humilde ignorante de los Libros
apacigüen el fuego de los dogmas,
se eleven por encima de los Atlas
para fundir, con el brillo lejano de otros tiempos,
las nieves que silencian nuestros cantos.
EL GRAN HALKA
a Juan Goytisolo,
salvador de la dulce albórbola
de Jemaa-el-Fná.
Teñida de rosa, apenas lista para las abluciones,
eres la novia de todos los hombres solitarios
y repartes amor –o lo vendes–
a quien quedó abandonado
en una de tus tardes nebulosas
cuando la Kutubia, tu centinela ausente,
apenas puede amenazarte,
o cuando la voz del almocrí se apaga
ante el festín sagrado de los gnaouas,
ante el profano don de tus gitanas.
De rojo bermejo te me pones,
como las guerreras que ostentan la alheña,
si te contemplo, borrosa y agitada,
esconder de tu algazara las miradas
de tu ejido de cuerpos voluptuosos
bailando al compás de la humareda,
al amparo del miedo y de las dudas
que dejan tras las puertas de sus casas
para entregarse a ti, la fiel hermana,
para mirarse en ti como en sus lunas.
Hay quien te ha visto azul hipnotizado,
yo verde de ilusión que se desgrana
del relicario donde guardas los secretos
de la mujer descalza, del viejo enfermo,
del niño que encontró la monedilla
para llevar un frasco de hamamelis
como un hallazgo de tu entraña
que alivia el rostro sombrío de la espera
como esperan por ti los que se ausentan
de tu ritual de olores y quimeras.
Mas nadie podrá verte nunca negra
porque tu alma es una recompensa
al que a tus pies se rinde sin reservas,
y hasta la viuda del mago de las letras
oyó de ti al juglar de lengua extraña
contar su nombre y el espectro de Averroes,
como encontré en tu seno, ¡oh dulce plaza!,
el ungüento oloroso de mi infancia,
el recuerdo apotecario de la China
en su última morada de La Habana.
Yo no conozco la historia de estos hombres,
apenas sabría distinguirlos,
encapuchados o desnudos
entre las nubes de eucalipto de sus baños
o en el ruido ensordecedor de sus plazas
donde quedos escuchan al demiurgo de otros tiempos.
Yo no los reconozco
porque ignoro incluso si me hablan o me cantan,
o mi invitan a tomarles de la mano
como a veces se toman entre ellos
cuando la luz del día se confunde
con los faroles mortecinos de sus zocos.
Yo sólo siento que me fundo
lentamente, irresistiblemente,
detrás de sus miradas,
donde se esconden los juegos y las danzas
que cerca de las fuentes compartimos
ajenos a los dogmas de los Libros.
Yo busco, paciente al pie de tantos muros,
que sus miradas prisioneras
y la mía de humilde ignorante de los Libros
apacigüen el fuego de los dogmas,
se eleven por encima de los Atlas
para fundir, con el brillo lejano de otros tiempos,
las nieves que silencian nuestros cantos.
EL GRAN HALKA
a Juan Goytisolo,
salvador de la dulce albórbola
de Jemaa-el-Fná.
Teñida de rosa, apenas lista para las abluciones,
eres la novia de todos los hombres solitarios
y repartes amor –o lo vendes–
a quien quedó abandonado
en una de tus tardes nebulosas
cuando la Kutubia, tu centinela ausente,
apenas puede amenazarte,
o cuando la voz del almocrí se apaga
ante el festín sagrado de los gnaouas,
ante el profano don de tus gitanas.
De rojo bermejo te me pones,
como las guerreras que ostentan la alheña,
si te contemplo, borrosa y agitada,
esconder de tu algazara las miradas
de tu ejido de cuerpos voluptuosos
bailando al compás de la humareda,
al amparo del miedo y de las dudas
que dejan tras las puertas de sus casas
para entregarse a ti, la fiel hermana,
para mirarse en ti como en sus lunas.
Hay quien te ha visto azul hipnotizado,
yo verde de ilusión que se desgrana
del relicario donde guardas los secretos
de la mujer descalza, del viejo enfermo,
del niño que encontró la monedilla
para llevar un frasco de hamamelis
como un hallazgo de tu entraña
que alivia el rostro sombrío de la espera
como esperan por ti los que se ausentan
de tu ritual de olores y quimeras.
Mas nadie podrá verte nunca negra
porque tu alma es una recompensa
al que a tus pies se rinde sin reservas,
y hasta la viuda del mago de las letras
oyó de ti al juglar de lengua extraña
contar su nombre y el espectro de Averroes,
como encontré en tu seno, ¡oh dulce plaza!,
el ungüento oloroso de mi infancia,
el recuerdo apotecario de la China
en su última morada de La Habana.
lunes, 2 de febrero de 2009
PRESENTACIÓN DE WILLIAM NAVARRETE
Fotografía de Jose Miguel: El Atlas desde Marraquech.
La Fundación Alianza Hispánica y la Editorial Aduana Vieja
tienen el gusto de invitarles a la presentación del poemario
LUMBRES VELADAS DEL SUR
de William Navarrete, poeta y escritor cubano residente en Francia.
Contará con la intervención de los escritores María Sangüesa y Alberto Lauro
y la actuación del artista marroquí Driss Lenfarrak.
Se servirá un vino.
Dia: Martes, 3 de febrero de 2009
Hora: 20:00 h.
Lugar: Fundación Alianza Hispánica
Calle San Pedro 22 - Madrid
Tf: (34) 91 369 42 25
Metros: Atocha y Antón Martín.
tienen el gusto de invitarles a la presentación del poemario
LUMBRES VELADAS DEL SUR
de William Navarrete, poeta y escritor cubano residente en Francia.
Contará con la intervención de los escritores María Sangüesa y Alberto Lauro
y la actuación del artista marroquí Driss Lenfarrak.
Se servirá un vino.
Dia: Martes, 3 de febrero de 2009
Hora: 20:00 h.
Lugar: Fundación Alianza Hispánica
Calle San Pedro 22 - Madrid
Tf: (34) 91 369 42 25
Metros: Atocha y Antón Martín.
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