DESPUÉS DE TODO
Llévate el lobo azul
Déjame el lila pálido
Déjame el lila pálido
(Ana
María Iza)
Parece que, después de todo,
ese brillo que encendía la
mirada
y parecía un imán entre dos
seres
no tuvo la lectura más
correcta…
Esa luz que desprendían las
pupilas
era de lobo hambriento y al
acecho
para cercar la solitaria
presa
que tarde o temprano
atraparía
para jugar con ella entre sus
garras.
Parece que, después de todo,
aquellas mariposas que
volaron
—ocultas en la línea del
diafragma—
mientras trazaban rumbo de
cosquillas
anegando de sonrisas el
miocardio,
no eran sino polillas
invasoras
que dejaron hecho un trapo el
corazón
—vaya agujeros—
antes de ir a morirse en sus
esquinas.
Parece que, después de todo,
aquí no pasó nada o casi
nada…
Sobre la piel del lobo se
quedaron
unas cuantas polillas medio
muertas.
Y una caperucita tropezó
al derramar su miel, por ser
incauta.


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