Nos estábamos tomando un té , como tantas veces . Surgió una pregunta inoportuna, no supe qué contestar y me serví azúcar para disimular. No me gusta el dulce, no me gusta endulzar las infusiones, pero estuve un buen rato dándole vueltas a la cucharilla, mientras pensaba qué podía decir sin caer en contradicciones- ¿se puede hablar sobre el amor sin caer en contradicciones?-. Fue entonces cuando recordé el soneto de Quevedo. Me levanté, busqué en la estantería, le acerqué el libro. La página estaba señalada por una ramita de espliego, no sé exactamente cuando fue la última vez que leí aquel poema, pero sí sé que lo leí en Aranjuez, en aquellos maravillosos jardines. Entonces era primavera, igual que ahora, yo era mucho más joven y tenía muchos más sueños por delante. Las florecillas secas mantenían su color, parecían de papel. Es curioso, no recordé su frescura, pero añoré su aroma...
En fin, las contradicciones del amor fueron plasmadas por Quevedo, de manera insuperable, en este soneto que no ha perdido su vigencia, pese a los siglos que lleva siendo leído, generación tras generación.
DEFINICIÓN DEL AMOR
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!