domingo, 30 de marzo de 2008

EL DÍA QUE CAPTURAMOS A FRANCO

El escritor Emilio Alonso, ha publicado un nuevo libro que promete ser tan causticamente divertido como sus anteriores producciones. Desde aquí os recomiendo su lectura, sin miedo a equivocarme.

martes, 25 de marzo de 2008

EL COLLAR DE LA PALOMA II



SOBRE LAS SEÑALES DEL AMOR

Este capítulo conserva una especial frescura, nadie diría que se escribió hace mil años. Todos hemos vivido estas señales, o muchas de ellas, cuando nos hemos encontrado en estado de enamoramiento, independientemente de la edad que hayamos tenido al vernos inmersos en tal fenómeno.

“Es la primera de todas la insistencia de la mirada, porque es el ojo puerta abierta del alma, que deja ver sus interioridades, revela su intimidad y delata sus secretos.”

Sobre ello escribió este poema:

“Mis ojos no se paran sino donde estás tú.

Debes tener las propiedades que dicen del imán.

Las llevo adonde tú vas y conforme te mueves,

como en gramática el atributo sigue al nombre.”

Más adelante, nos dice que otras señales son la atención que el enamorado presta a las palabras del amado, aunque sean nimiedades, yerre o mienta. O bien que acuda presuroso a donde esté el amante, que busque pretextos para sentarse a su lado y que sea capaz de abandonar incluso su trabajo para pasar un instante a su lado.

“Cuando me voy de tu lado, mis pasos

son como los del prisionero a quien llevan al suplicio.

Al ir a ti, corro como la luna llena

cuando atraviesa los confines del cielo.

Pero, al partir de ti, lo hago con la morosidad

con que se mueven las altas estrellas fijas.”

“Otra señal es la sorpresa y ansiedad que se pintan en el rostro del amante cuando impensadamente ve a quien ama o éste aparece de súbito, así como el azoramiento que se apodera de él cuando ve a alguien que se parece a su amado, o cuando oye nombrar a éste de repente.”

Luego nos dice que el amor vuelve generoso al más tacaño, valiente al más cobarde, sensible al más áspero, y acaba diciendo que los ascetas rompen sus votos y los castos se vuelven disolutos, porque el amante da con generosidad todo aquello de lo que disfrutaba únicamente pera sí mismo, como si fuese él mismo quien recibiera el regalo y en ello le fuera su propia felicidad.

“Cuando se trata de ella, me agrada la plática,

y exhala para mí un exquisito aroma de ámbar.

Si habla ella, no atiendo a los que están a mi lado

y escucho sólo sus palabras placientes y graciosas.

[...]

Si me veo forzado a irme de su lado,

no paro de mirar atrás y camino como una bestia herida;

pero, aunque mi cuerpo se distancie, mis ojos quedan fijos en ella,

como los del náufrago que, desde las olas, contemplan la orilla.

Si pienso que estoy lejos de ella, siento que me ahogo”

“Hay, sin embargo, señales contrarias a las declaradas, que obedecen al imperio de las circunstancias, a los accidentes que andan en juego, a las causas del momento o a la excitación de los ánimos. [...] Pues del mismo modo hallamos que, cuando dos amantes se corresponden y se quieren con verdadero amor, se enfadan con frecuencia sin venir a qué, se llevan la contraria a posta [...] todo lo cual es prueba de lo pendientes que están el uno del otro.”

“Otra señal del amor es que el amante está siempre anhelando oír el nombre del amado y se deleita en toda conversación que de él trate.”

“Tocante a la conversación, en ocasiones la inicia muy animado, cuando de improviso, le asalta un pensamiento cualquiera acerca del ser que ama, y entonces se ve claro cómo se la traba la lengua, y se observa como ostensiblemente se pone taciturno, cabizbajo y retraído.”

“Otras señales del amor son: la afición a la soledad, la preferencia por el retiro, y la extenuación del cuerpo[...] El modo de andar es un indicio que no miente y una prueba que no falla de la languidez latente en el alma.”

“El insomnio es otro de los accidentes de los amantes. Los poetas han sido muy prolijos en describirlo; suelen decir que son “apacentadores de estrellas”, y se lamentan de lo larga que es la noche.”

“Las nubes han tomado lecciones de mis ojos

y todo lo anegan en lluvia pertinaz,

que esta noche, por tu culpa, llora conmigo

y viene a distraerme en mi insomnio.

Si las tinieblas no hubiesen de acabar

hasta que se cerraran mis párpados en el sueño,

no habría manera de llegar a ver el día,

y el desvelo aumentaría por instantes.

Los luceros, cuyo fulgor ocultan las nubes

a la mirada de los ojos humanos,

son como ese amor tuyo que encubro, delicia mía,

y que tampoco es visible más que en hipótesis.”

“También sufre el amante sinsabores en las dos situaciones siguientes:

La primera consiste en que el galán espere encontrar a su dama y se interponga de pronto un obstáculo que lo impida. [...]

La segunda consiste en que nazca entre los amantes una sospecha, que no se sabe si es verdad o no más que por referencias de una tercera persona [...] Entonces el desasosiego es tremendo hasta que el asunto se aclara, bien por la esperanza del perdón, bien porque la desazón se trueque en franca tristeza y pena, ocasionada por el temor a la ruptura.”

“Desconfío de ti hasta en lo más despreciable que hagas,

y a quien hay que despreciar es a quien desprecia estas cosas,

sin ver que puedan ser origen de ruptura o de odio:

el incendio en sus comienzos es una chispa.

Todo lo grade empieza por ser diminuto:

de un huesecillo de nada ves nacer el árbol.”

El capítulo acaba de una manera un tanto desconcertante, pero me ha traído a la memoria una historia que alguien, ya no tan joven, me contó hace un tiempo, así que lo que estoy transcribiendo, por raro que nos parezca, también puede darse entre quienes dicen amarse.

“Otras señales del amor son: que el amante espíe al amado, tome nota de cuanto diga, investigue cuanto haga, sin que se le escape cosa alguna, ni chica ni grande, y le siga en todos los movimientos. Y, por vida mía, tú verás que en esto los necios se vuelven listos, y los incautos, agudos.”

sábado, 22 de marzo de 2008

EL COLLAR DE LA PALOMA


El Collar de la Paloma

Ayer, durante una conversación con un viejo amigo, salió a relucir el por qué uno de mis libros favoritos era El Collar de la Paloma, escrito por Ibn Hazm en 1022, en la ciudad de Játiva, en el agitado tiempo de la destrucción del Califato y la anarquía de los Reinos de Taifas. Pues bien, esta obra es un tratado sobre el amor y los amantes, y no ha perdido vigencia alguna, es un profundo estudio de la psiquis humana frente al fenómeno del amor y sus consecuencias. Habla de las distintas formas de enamoramiento, de lo perdurable o efímero de éste, de la ruptura, de la separación, o de lo que puede durar durante toda la vida.

“ Tocante al hecho de que nazca el amor, en la mayoría de los casos, por la forma bella, es evidente que, siendo el alma bella, suspira por todo lo hermoso y siente una inclinación por las perfectas imágenes.[...] Si luego distingue tras esa imagen algo que le sea afín, se une con ella y nace el verdadero amor; pero si no distingue nada afín, su afección no pasa de la forma y se queda en apetito carnal. En todo caso, las formas son un maravilloso medio de unión entre las partes separadas de las almas.”

Sobre el mismo asunto nos dice, más adelante:

“Si la causa del amor fuese no más que la belleza de la figura corporal, fuerza sería conceder que el que tuviera cualquier tacha en su figura no sería amado. Por el contrario vemos que hay quien prefiere alguien de inferior belleza [...] y no puede apartar de él su corazón. Y si dicha causa consistiese en la conformidad de los caracteres, no amaría el hombre a quien no le es propicio ni con él se concierta. Reconocemos, pues que el amor es algo que radica en la misma esencia del alma.”

Tiene algunos párrafos de gran contenido argumental:

“...Tú no hallarás dos personas que se amen, fuertemente, que no tengan entre sí alguna semejanza o coincidencia de cualidades naturales. Es forzoso que la haya, por poca que sea, y claro es que, conforme mayores sean estas analogías, más grande será la afinidad y más firme el amor”

También hay en esta obra unos poemas de gran hondura, que no han perdido su belleza, a través del milenio transcurrido, desde que Ibn Hazem los escribiera.

“¿Perteneces al mundo de los ángeles o al de los hombres?

Dímelo, porque la confusión se burla de mi entendimiento.

Veo una figura humana; pero si uso de mi razón,

hallo que es tu cuerpo un cuerpo celeste.

[...]

No puedo dudar que eres un puro espíritu atraído a nosotros

por una semejanza que enlaza las almas.

No hay más prueba que atestigüe tu encarnación corporal,

ni otro argumento que el de que eres visible.

Si nuestros ojos no contemplaran tu ser, diríamos

que eras la Sublime Razón Verdadera.”

Ahora, que estamos atravesando el equinoccio de primavera, la estación de la renovación de la Naturaleza, la época en que el amor se hace sentir con mayor fuerza, por su presencia o por su ausencia, desgranaré algunas páginas más de este poético y profundo estudio del amor, desde diferentes perspectivas.

martes, 18 de marzo de 2008

SAHARA OCCIDENTAL

He recibido este artículo de Javier Sáenz y creo que debo reproducirlo aquí. Me preocupa el gran sufrimiento del pueblo saharaui, desterrado de su país y abandonado por España.


SAHARA OCCIDENTAL

La cuarta ronda negociadora entre el Frente Polisario y el ocupante Marruecos se abrió ayer en Nueva York, en medio de un peligroso repunte de tensiones militares entre ambas partes.
Por primera vez desde el comienzo en abril del año pasado de este diálogo con mediación de la ONU, fuerzas del Frente Polisario se encuentran en estado de máxima alerta en respuesta a maniobras militares a gran escala del ejército de Marruecos.

Para el representante del Frente Polisario ante la ONU, Ahmed Bujari, las maniobras militares de gran envergadura que Marruecos realiza en el Sur del Sáhara pudieran tener la intención de romper el cese al fuego pactado por ambas partes en 1991.
"Estos movimientos de tropas con participación de la artillería pesada y la aviación en el sur del territorio son de gran peligrosidad y podrían tener la intención de romper el alto al fuego", declara Bujari.
La Misión de la ONU para el Referendo en el Sahara Occidental (MINURSO) se encuentra sobre el terreno desde 1991 para velar por el cumplimiento de ese acuerdo entre el Polisario y Maruecos después de 15 años en guerra.
El conflicto del Sahara Occidental se remonta al año 1975, cuando España, potencia colonial, abandonó ese territorio norteafricano a orillas del Océano Atlántico, sin solucionar su descolonización. El Sáhara Occidental fue ocupado por Mauritania, hasta 1979, y Marruecos, que aún se mantiene allí por la fuerza.

El representante oficial saharaui en la ONU destaca que las maniobras militares y también la importación masiva de armamento de guerra demuestran la "testarudez colonial y falta absoluta de voluntad política" de las autoridades marroquíes.
Bujari dice que el presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Mohamed Abdelaziz, dirigió al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, una carta en la que denuncia esas acciones de Marruecos.

En estas circunstancias, representantes del Polisario y Maruecos inician este cuarto intento por destrabar las conversaciones que sostienen con mediación de la ONU en la localidad de Manhasset, a las afueras de Nueva York.
Las tres rondas de conversaciones anteriores concluyeron sin avanzar hacia el comienzo de negociaciones sustantivas que propicien un arreglo pacífico aceptable para ambas partes para este conflicto, que ya se prolonga por más de 30 años.

El embajador de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en Argelia, Brahim Ghali, afirmó el pasado viernes que el éxito de esta cuarta ronda negociadora dependerá de la voluntad de Marruecos de respetar las resoluciones de la ONU.'Esperamos que Marruecos tenga la misma voluntad de avanzar en las negociaciones', afirmó Ghali, quien resaltó que hasta el momento el reino alauí 'no ha hecho ningún esfuerzo para que las negociaciones lleguen a buen término'
Opinión que confirma Ahmed Bujari: "A menos que ocurra un milagro, esta cuarta ronda tampoco conducirá a ninguna parte. Incluso, valoramos la posibilidad de que Marruecos llegue a cerrar la ventana abierta a estos contactos y no deje más opción que a una reanudación de los combates que se habían suspendido en 1991", advirtió.

El enviado especial de la ONU realizó el pasado febrero una gira por la región para recabar impresiones que pudieran lograr algún tipo de progreso en esta cuarta ronda. Sin embargo, Van Walsum reconoció durante el viaje a Rabat, los campos de refugiados en Tinduf, Argel y Nuakchot, que las posiciones de las dos partes en conflicto estaban muy distanciadas y que no disponía de un nuevo plan para desbloquear las negociaciones bilaterales

Maruecos considera como únicamente válida su propuesta de conceder autonomía al Sáhara Occidental, pero siempre que ese territorio permanezca bajo su soberanía.
El Frente Polisario exige, en cambio, que se celebre el referendum de autodeterminación que permita al pueblo saharaui elegir libremente entre la independencia y la propia autonomía que ofrece Maruecos.
La organización saharaui destacó que la negación de Marruecos a la organización de un referendo de autodeterminación previsto por la ONU, es el único obstáculo para la descolonización pacífica del Sáhara Occidental.



lunes, 17 de marzo de 2008

SEMANA SANTA

Comienza la Semana Santa, época de ritos ancestrales que reflejan la fe popular. Cada región de España la expresa de una manera, pero lo que resulta común a todos los pueblos y ciudades es el espectáculo en la calle: los pasos procesionales, los penitentes, la música de las bandas o el atronador sonido de las tamborradas. Estas expresiones de un sentir religioso son, en realidad, las más paganas de todas las celebraciones. El sentido de lo lúdico y de lo trágico se adueña de las calles, que quedan convertidas en escenarios urbanos por los que discurren los espectadores y los actores envueltos en un revuelo de tradiciones que, con frecuencia, asombra a los visitantes, bien sea por la brillantez de las procesiones o por la crueldad de las penas que se imponen los penitentes.
En estos días resulta emblemático el poema de Antonio Machado, La Saeta, que nunca ha perdido su vigencia, por muchos años que hayan pasado y que sigan pasando.

LA SAETA

¿Quién me presta una escalera,
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Saeta Popular

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía
que echa flores
al jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!


viernes, 14 de marzo de 2008

AMAR, A VECES




















Amar, a veces, es renunciar a uno
cuando aparece un poso de amargura
en la taza del día compartido,
y se caen las sonrisas en su fondo
con un filo de sombra en las rutinas,
y, en los ojos, asoma la desdicha.

Amar, a veces, es soltar la mano
que dibujaba besos en el alma
y alejarse del sol de unas pupilas
que iluminaba sendas en la niebla.
Y es entregar la libertad cedida
y ver alzar sus alas en el otro.

martes, 11 de marzo de 2008

I Exposición Internacional DOLMEN DE DALÍ, Clausura

Obra de Francisca Blázquez

El pasado día 9 de Marzo, tuvo lugar la clausura de todos los actos vinculados a la I Exposición Internacional: Dolmen de Dalí. Para este acontecimiento se realizó un pequeño recital poético en el que participamos Francisca Blázquez, Leo Zelada, Juan Antonio Aguilera, Joan Lluis Montané y yo.
Nos acompañó el calor del público que se acercó al Hotel Convención para cerrar este evento, de gran repercusión mediática, y a continuación se nos obsequió con un agradable refrigerio.
Allí leímos y recitamos varios de los poemas que se encuentran publicados en el magnífico catálogo que se ha editado, especialmente para esta exposición, y que se encuentra a la venta en el Museo de la Casa de la Moneda.
Aquí os ofrezco uno de los cinco poemas que escribí para esta exposición.

PLAZA DE SALVADOR DALÍ, MADRID

SONETO DE INVIERNO

Remolinos de escarcha van creciendo

en racimos de flores cristalinas,

blancos pétalos de agua congelada

florecen sobre el dolmen de la plaza.


Y allí, un viento de grises de aluminio

va clavando puñales diminutos

sobre el bronce y el aire de la estatua,

de pecho abierto y sangre de manzana.


Calla la piedra erguida sobre el agua

que en el suelo dormido traza espejos,

tornando en luces al altivo cielo.


Enciende la luna apagadas huellas,

nevada estrella, sonrisa irisada...

y llueve la nieve allá, en tu mirada.

jueves, 6 de marzo de 2008

Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán



















Hace unos años, encontré un epistolario que contenía las cartas que Emilia Pardo Bazán le había enviado a Benito Pérez Galdós durante 1889. La recopiladora, de tan importante y curioso documento literario, había sido Carmen Bravo Villasante. En estas páginas se hace evidente la relación de amor que mantuvieron, no se sabe cuando comenzó ni cuando acabó, pero se explica la gran influencia que ejercieron el uno en el otro. Su amor fue breve, pero el cariño y la amistad que se profesaron duró el resto de sus vidas, así como el apoyo que se brindaron en el ámbito literario y en el humano.

DOÑA EMILIA Y DON BENITO._

Hoy, después de tanto tiempo, he vuelto a ver a Doña Emilia. Ella, de momento, no me ha reconocido. Han pasado ya muchos años.

Yo era un niño en 1890, cuando le hacía, ocasionalmente, de correo.

Fue hace treinta años. Entonces era una mujer espléndida, algo metida en carnes, pero de un porte y de una elegancia que atraían las miradas de cuantos nos cruzábamos con ella. Su aspecto regio, desprendía una impresionante autoridad en cada uno de sus ademanes. Además, su inteligencia le hacía tener, casi siempre, la palabra adecuada sobre sus labios .

Yo era el hijo del dueño de la modesta verdulería que le abastecía, le llevaba las canastas de frutas y hortalizas. Siempre entraba por la puerta de atrás, directamente a la cocina.

Un día, de manera excepcional, cuando pasé para entregar la pesada carga de la compra de aquella jornada, se encontraba allí, hablando con la cocinera. Me miró de arriba abajo.

-¿Quién es este rapaz? La cesta es más grande que él.

Debí de mirarle con miedo, era una buena clienta, si la perdíamos por alguna torpeza mía nadie me iba a poder librar del varapalo paterno.

-No temas, chiquillo, deja de mirarme así que todo está bien - inició una cálida sonrisa-, pareces muy despabilado. Cuando descargues, que la doncella te acompañe a mi despacho.

Vacié el pedido con un nudo en el estómago y esforzándome por no salir corriendo.

La habitación de la señora era grande, aunque los estantes repletos de libros y carpetas la empequeñecían. Ella estaba detrás de una mesa de despacho, sin levantar la vista de sus papeles.

Yo permanecía de pie, dándole vueltas a la gorra y mirando, de soslayo, aquel cúmulo de libros.

-¿Sabes leer?

-He ido a la escuela, señora.

-¿Y ahora no vas?

-Ya sé hacer cuentas, leo y escribo. Dice mi padre que para ganar el pan echándole una mano en el negocio me sobra.

-¿Y tú que piensas?

-Que tenemos que comer, pero...

-¿Qué?

-Que me hubiera gustado seguir estudiando y no trabajar en la frutería, sino en una oficina o enseñando a otros a aprender.

-¿Te gusta leer?

-¡Mucho!

-Toma este libro, me lo devuelves dentro de dos semanas – dijo alargándome un tomo de "Los tres mosqueteros"-. Cuídamelo bien, también quiero que lo lea mi hijo.

Así fue como se inició la relación de amistad que me unió a Doña Emilia durante los siguientes años. Y ello hizo que mi destino cambiase de manera decisiva.

Una de aquellas tardes, en las que me tocaba devolver el libro que me había prestado y llevarme otro nuevo, me recibió con el semblante muy desencajado y ojeroso.

- ¡Ay, rapaciño! Que tengo al pequeño enfermo y no te puedo atender. ¿Podrías hacerme un favor?

-Lo que usted mande, Doña Emilia.

-Llévame esta carta a la calle de La Palma, el número va en el sobre-. No quiero que se lo digas a nadie, toma esta perra gorda- dijo mientras me daba un sobre medio cerrado junto a una moneda.

Intenté rechazar el dinero, pero ella insistió –. Te hará falta para lapiceros, quiero que el próximo día me traigas una redacción sobre lo que has leído.

Tomé aquella nota con una gran curiosidad, la guardé en el bolsillo del mandil y bajé las escaleras preguntándome quien sería el misterioso destinatario de la misiva. Me encaminé hacia la calle de San Bernardo, cerca de la iglesia de Las Maravillas. Al llamar al portalón de la calle de La Palma, me encontré con que no había nadie en el piso indicado en el sobre. Opté por sentarme en los escalones. La carta me quemaba, subí unos cuantos peldaños más, le daba vueltas entre los dedos, no estaba cerrada por completo. Cedí a la tentación y la abrí del todo, medio escondido en el rellano del piso superior.

“Miquiño: Jaime está enfermo, y las noticias de ayer fueron tan alarmantes, que tuve hecho el baúl para salir hoy: de noche recibí un parte ya muy diferente y más satisfactorio (…) Hasta mañana pues, alma querida mía…

Tu Porcia “

Después de aquella intromisión en la intimidad de mi señora, a la que había comenzado a profesar un gran afecto, me sentí culpable pero ansioso de saber quien era el tal Miquiño. Quizás, en ese instante, comencé a sentir la punzada de los celos por primera vez en mi vida.

Unos pasos resonaron dentro del recinto. Cerré el sobre, pegando con el mayor esmero la solapa. Al escuchar un fuerte portazo en el piso inferior, bajé con premura y llamé a la puerta, con el mayor aire de inocencia que pude recomponer en la expresión de mi cara.

Me abrió un hombre alto y fornido, su cabello y su poblado bigote estaban salpicados de abundantes canas, su piel era de un intenso tono moreno y sus ojos me parecieron tristes y penetrantes a un tiempo.

-¿Qué pasó muchacho?

-La señora me dijo que trajese esta nota.

-Está bien – dijo con un acento que no me resultaba familiar, mientras buscaba calderilla en su bolsillo.

-No, por favor, no me dé nada, lo que la señora me mande lo hago con tanto gusto que haciéndolo me doy por bien pagado.

-Como usted quiera – dijo mirándome con cierta sorna, pero sin perder la solemnidad de su gesto.

Aquella no fue la última vez que tuve que hacer de cartero entre los dos enamorados. Por entonces, Doña Emilia viajaba mucho. Si Don Benito no la acompañaba me hacía llevarle, de inmediato, una nota para concertar una cita. Parecía que no podía vivir sin saber de él. Yo procuraba leer las misivas, siempre que se me presentaba la ocasión. Aquello llegó a formar parte de aquel tiempo de mi adolescencia. Era como un juego secreto, que jamás llegué a comentar con nadie, así que tampoco volví a tener la sensación de traición que me atormentó durante el primer día.

Las misivas, a veces, eran inocentes:

“Mi cariño: el Martes, sin falta a no ocurrir novedad, salgo de aquí, de modo que tengo ya un pie en el estribo: te escribo hoy dos líneas no más, porque mañana contestaré a tu carta diciéndote que la he recibido, que salgo el martes y que estaré en el loco citato. Va mamá conmigo (…) Ansío ya darte un abrazo larguísimo.

Ratonciño, adiós. Hasta luego y hasta mañana.”

Pero otras, el contenido era picante, travieso, o estaba lleno de reproches.

Un día, encontré a Don Benito con los ojos muy irritados, y la nariz congestionada. Era indudable que había estado llorando, las ojeras denotaban que llevaba varios días sin dormir.

Fue después de un viaje de la señora. Al llegar a su casa, mientras estaba allí en su despacho, bastante más tarde de lo habitual, llamaron a la puerta. Apareció una mujer de aspecto siniestro, vieja y enlutada, con un sobre de los que llevaban adjunto el ruego de su entrega personal. Me despidió con prisas, muy nerviosa, y me llamó al día siguiente, mucho antes de lo acostumbrado.

-Toma esta carta y se la llevas a quien tú sabes. Que no se te vaya a ocurrir echarla en el buzón de correos, como te he pedido otras veces. Hoy la tienes que dar en mano y preguntas si hay respuesta. En caso de que la hubiese te esperas todo lo que haga falta.

No hay que decir lo que tuve que correr para que me diese tiempo a leerla. Y no demorarme en la entrega. Ni hay palabras para describir lo que me impresionó ver a aquel hombre, siempre tan serio e imperturbable, en semejante estado de tristeza y decaimiento.

Claro que yo también me llevé una buena ración de amargura, no daba crédito a lo que mis ojos acababan de leer:

“Amigo del alma, ante todo, no llames caridad a lo que es acendrada ternura. Tratándose de ti, no distingo de acciones, y lo mismo que te abro los brazos te velaría enfermo o te ayudaría en el trabajo literario. Bien sé, ¿y por qué no me lo dices? Que nada premeditaste ni en ningún agravio pensaste. En ti no cabe nada malo, ni te alcanza responsabilidad alguna, ni necesito yo que me digas otra cosa sino esa dulce frase: he dormido bien.

“He leído tu carta. Voy a sorprenderte algo diciéndote que adivinaba su contenido. Se quien te enteró de los detalles y comprendí a que aludías al anunciarme un cargo grave. Apelas a mi sinceridad: debí manifestarla antes, pues ahora ya no merece ese nombre (…)

Mi infidelidad material no data de Oporto, sino de Barcelona, en los últimos días de marzo, tres después de tu marcha. Perdona mi brutal franqueza. La hace más brutal el llegar tarde. Y no tener color de lealtad. Nada diré para excusarme, y sólo a título de explicación te diré que no me resolví a perder tu cariño confesando un error momentáneo de los sentidos fruto de circunstancias imprevistas.

( … ) Deseo pedirte de viva voz que me perdones ( …) Hasta luego, no olvides las señas. Haz por comer y no fumes mucho.”

No tuve que esperar, Don Benito tomó la carta y la miró, mientras resbalaban dos gruesos lagrimones por sus enjutas mejillas, parecía más viejo y más cansado que nunca. Ignoró mi presencia y cerró la puerta para leer aquella misiva en soledad. Me senté en los escalones mientras imaginaba el soponcio que se iba a llevar al ver, de propia mano, los cuernos que nos había puesto la condesa. Me parecía mentira que ella se hubiese comportado como un señorito calavera, igual que un pisaverde de los que andan robando desventurados corazones por ahí.

Más tarde, me enteré de que el desgraciado que nos engañó con Doña Emilia fue Lázaro Galdiano, tan rico, tan culto, y tan endemoniadamente guapo. Hasta yo me llegué a preguntar si habría hecho lo mismo en el caso de ser mujer. Pero, aún así, el tierno amor de adolescente que sentía por la señora condesa se me enfrió bastante. No alcanzaba a comprender que, mi venerado objeto de adoración, se hubiese comportado igual que un hombre cualquiera, de esos a los que les entran ganas de diversión cuando se van de viaje fuera de su ciudad. Como si la lejanía enmascarase el sentimiento de culpa y escondiese la infamante traición que supone la infidelidad, tras el escudo de los kilómetros que rompen la rutina de la presencia de aquellos que constituyen tu vida amorosa ¡Ella! Siempre tan elegante, tan femenina, tan buena.

En fin, el caso es que la condesa me comunicó, pocos días después, que me había encontrado plaza en una Escuela de Secundaria. Había estado hablando con mi padre hasta el punto de comprometerlo, mediante una aportación económica, con la finalidad de que me dejase estudiar. Y, además, le había prometido que sería ella quien corriese con todos los gastos de mi carrera, siempre que mi comportamiento y mis resultados fuesen fiel reflejo de las expectativas que tenía depositadas en mí.

Procuré no defraudarla y llegué a ser maestro de escuela. También escribo en un diario de gran tirada. El amor a las letras que ella me inculcó no me ha abandonado nunca. Primero la visité todos los años. Después, me destinaron tan lejos que acabé por comunicarme solamente mediante algunas cartas. Ella suele escribirme en Navidad, le gustan mis artículos, aunque mis ideas políticas le ocasionan una gran irritación.

Hoy la tengo allí, enfrente, la estoy mirando con disimulo. No puedo por menos que recordar que de aquel último disgusto que viví con los enamorados nacieron dos libros, publicados en la misma fecha, en los que reflejaron los hechos, y el dolor que vivieron, desde sus particulares puntos de vista.“Insolación”, donde Doña Emilia relató el lance amoroso como algo trivial y frívolo, y “La incógnita,”de Don Benito, donde dio rienda suelta a su visión trágica de la vida y a su generosa actitud de perdón ante la mujer amada.

Ellos eran así, lidiaban sus diferencias mediante la creación literaria.

Probablemente, el único que se tuvo que tragar sus lágrimas fui yo. El rapaz que estaba enamorado de la señora, el chiquillo que, sin tener conciencia de que cometía una tropelía, leía a escondidas sus cartas de amor haciéndolas así un poco suyas.

Veo que la condesa me mira, no me ha olvidado ¡Por fin me ha reconocido!

Hoy es una gruesa y venerable anciana que, desde que Don Benito Pérez Galdós murió hace unos meses, según me ha comentado su secretaria, ha dado un enorme bajón en su salud. Aunque su porte sigue siendo regio y su carácter muy fuerte. Que yo sepa, hoy en día no le contesta a nadie que no se dirija a ella si no es como Señora Condesa de Pardo Bazán. Sus ideas de progreso y de apertura, de corte vanguardista, han devenido en un comportamiento bastante reaccionario y conservador, en cuanto a unos valores de clase que antes consideraba caducos. Es en este aspecto en el que se le va notando la decadencia de los años y el desencanto frente al mundo que le rodea.

Me está haciendo una seña con el abanico, desea que me aproxime. Creo que no voy a poder reprimir las ganas que tengo de darle un abrazo ¡Que se vayan a paseo el protocolo y su secretaria!

Estoy ya tan cerca de ella que diría que sus ojos, todavía tan vivos, se le han humedecido y… ¡lo que faltaba! ¡No se que hacer para controlar mi propio llanto!

-Rapaciño, los hombres no lloran, sólo los muy hombres pueden permitirse el lujo de hacerlo– me dice mientras me devuelve el abrazo- .Así que llora tranquilo, que yo te acompaño y después hablamos. Siéntate a mi lado. Los dos juntos, como ayer. ¿Cuántos años han pasado?

(Las cartas pertenecen al epistolario recopilado por Carmen Bravo Villasante)

La piel del viento

Este poema pertenece al poemario, todavía inédito, que llevará, en principio este mismo título. Espero publicarlo a finales del próximo otoño.


LA PIEL DEL VIENTO

La piel del viento existe, es intangible,

su calidad, quizás, es puro sueño,

quizás tan sólo un soplo de humo.

Esconde en sí los ecos y el recuerdo

de lunas en un agua de cristales

fugitivos, de ensueños aún no escritos.

Ayeres de su pecho transparente,

que anuda y teje un lecho de hojas leves,

jugando a ser pasado y ser presente.

Sentimientos escritos en el aire,

en un vaivén de tiempo sin minutos,

sin medidas exactas, sin segundos.

Trazos de la vida en sus caminos,

en un soplo de aliento y puro instante

uniendo, en lo fugaz, eternidades

sábado, 1 de marzo de 2008

RECITAL DEL DOLMEN

Momento de mi intervención en la lectura de los poemas a la Plaza de Salvador Dalí, entre los poetas Agustín Espina y Delfín Yeste.

MUSA Y CIENCIA

Resbala el viento entre las suaves ondas
de bronce, piel de manzana y de ciencia.
De entre la piedra, latidos telúricos
forjan, allí, un alma de ensueño y roca,
como posada en una hebra de tiempo
deslizada entre evanescentes pasos.

Hermosas huellas, para siempre quietas,
bajo el sol, tras el iris de la lluvia.
Desnudadas sobre las voces altas,
talladas sobre los cristales mudos,
facetando en brillos su nombre, Gala.
Eterna musa en pedestal de sueños.

SALAMANCA

Mi querido amigo y compañero de fatigas literarias, Ángel Luis Romo, me ha enviado esta hermosa fotografía de la calle de la Compañía de Salamanca. Me cuenta que el nombre se debe a la Compañía de Jesús y que, paradógicamente, es una calle solitaria a la que Unamuno llamaba calle de las Ánimas, por la tradición de apariciones fantasmales que se cuenta que han tenido lugar entre sus muros. Es una vía que discurre entre la Casa de las Conchas y el palacio de Monterrey. Su poema lo escribió paseando por ella. Y yo no me resisto a la tentación de sacar este misterioso lugar salmantino en estas páginas digitales, con la intención de visitar próximamente esta bella ciudad y vivir la experiencia de pasear por esta mágica calle.