miércoles, 14 de abril de 2010

CATORCE DE ABRIL

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Hoy es el cumpleaños de mi madre. Nada menos que ochenta y cinco, mañana estaré con ella en Levante, celebrándolo. En días como el de hoy, mi abuela hacía una doble celebración, preparaba el cumpleaños de su hija y formaba un ramo de flores de tres colores: violeta, amarillo y rojo. Lo situaba a la entrada de su casa, allá en Alhucemas, a mí me encantaba... mi familia era un retrato del mapa político de España.
Cuando cuento que mi abuelo era monárquico y mi abuela republicana, y que se amaron con locura hasta que ella murió, a los setenta y ocho años, los amigos me miran con incredulidad. Pero es rigurosamente cierto. Tan cierto como que el hermano de mi madre era de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), y los maridos de mis tías eran huérfanos de fusilados, uno del PSOE y el otro del PC, es decir, no se podía estar más a la izquierda. La hecatombe se produjo cuando apareció mi madre diciendo que se había enamorado de un capitán del ejército, que había sido alférez provisional, en el bando franquista, claro... y se casó con él, con mi padre.
A primera vista se podría pensar que las discusiones políticas tendrían que envenenar el ambiente familiar de una manera terrible, ¿no es así? Pues nada más lejos de la realidad. Nunca pesencié ni una sola discusión entre ellos, veía que se abrazaban, que nunca había una voz más alta que otra, jamás escuché un insulto, que se hablaba de música, de pintura, de literatura, de nosotros... aquellos niños que éramos sus hijos y que jugábamos juntos como buenos primos hermanos, que es lo que éramos. Entre nosotros primaba una figura que adorábamos: nuestra abuela. Ella nos hacía pasteles, nos enseñó a dibujar y nos contaba cuentos e historias... historias que nos enseñaban a pensar por nosotros mismos. Era maestra, periodista y profesora de dibujo y pintura. Nos contaba que el hombre y la mujer eran iguales, eran compañeros. Que había habido una guerra injusta contra la voluntad de un pueblo. Que las armas aparecían cuando no existían razones para convencer. Que todos los seres humanos eran iguales, sin diferencia de colores de piel, sexo o religión. Que no era justo que la riqueza se acumulara en unas cuantas manos, mientras había tantos que se morían de hambre. Que, en caso de duda, siempre nos pusiéramos al lado del más débil. Y tenía una especie de cuadernillo que sacaba de un cajón, le gustaba leerlo, ahora sé que era la Constitución de 1931, la guardaba junto a una cajita llena de pins con la bandera republicana y siglas de partidos de antes de la guerra. Cuando comencé a mostrar una salud bastante delicada, mis padres me dejaron con ella, siempre me pareció maravilloso que aquello ocurriera. Sus cuidados me hicieron recuperar la salud y la educación que me inculcó ha sido el bagaje que me ha hecho ser quien soy a través de todos los avatares de la vida.
Ella era el fruto de una época en la que en España se creía en la Justicia y la Igualdad. Y yo soy fruto de ella. Feliz día de la República.

14 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Estremecedor y tiernísimo relato de una intrahistoria, la de tu familia, que, como la de tantas (no hablaré en nombre de otros que aquí -hoy o mañana- dejarán su propio testimonio) estuvo por encima de pensamientos.
Por eso me produce más tristeza que este país aún no sea como una familia donde sigue habiendo vencedores y vencidos, muertos de primera y huesos sin tumba.
Ojalá que el camino que insinúas en tu entrada de hoy, sea el andarivel por el que se mueva esta nación tan grande y tan plural.

Mercedes dijo...

Ahora entiendo por qué eres así, hubo alguien que te enseñó la esencia de las cosas, que te instruyó en el amor al prójimo y el respeto. Tu historia me ha recordado a la mía con mi abuelo Miguel. También él me enseñó a pensar por mí misma. No hay una lección más importante.
Felicita a tu madre, por su cumpleaños y por tener una hija tan humana.
Un abrazo.

Adrian Dorado dijo...

¡Feliz Cumpleaños! y ¡QUE VIVAN TU MADRE y LA REPÚBLICA,
María.

Me sumo a los deseos de Amando, ya sabes: tengo el corazón partido y queriendo, a más no poder, aquí y allá.

RAFAEL LIZARAZO dijo...

Hola, María:


Con cariño envío mis sinceras felicitaciones.

Abrazos.

Flamenco Rojo dijo...

María nuestras felicitaciones para tu madre.

Salud y República.

Maria Sanguesa dijo...

Gracias, Amando, me gusta mucho la palabra andarivel que es una cuerda tendida entre dos orillas de un río, para poder cruzarlas cuando no hay puentes... lo mejor sería que quienes tienen que construir los puentes los construyeran. Que nadie tenga el desconsuelo de que entre los suyos queden, todavía, huesos sin tumba... el pasado ya no tiene remedio, pero la dignidad siempre se puede devolver a quienes sufrieron la infamia de la desaparición de aquellos que amaban. Un abrazo.

Maria Sanguesa dijo...

Te felicito por tu abuelo Miguel, fueron generaciones muy castigadas y muy sabias... nosotras somos la esperanza que ellos tuvieron. Y nuestros nietos, cuando lleguen, serán la nuestra. Muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

Gracias,Adrián, por ambas felicitaciones. El corazón partido en estas distancias es el común denominador de muchos de nosotros. Salud y un abrazo.

Maria Sanguesa dijo...

Muchas gracias, Rafael, ya ves que cerquita tienen su cumpleaños nuestras madres. Otro abrazo y mi cariño para ti.

Maria Sanguesa dijo...

Gracias, mis queridos Flamencos, hay que ir por la tercera. Y no sólo me refiero a las sevillanas que tenéis a la vuelta de la esquina con la Feria empujando. Salud y un abrazo.

Isolda dijo...

Emocionante relato, Maria. Cada vez te sentimo mas cercana; en mi familia la historia se repitio entre mis padres propiamente y los hermanos de ambos. Nunca paso nada, mas alla de los sentimientos de cada uno. Felicidqdes a tu mqdre y un beso muy grande para ti.

Militos dijo...

Deliciosa tu abuela, María.
Yo estoy criando a un nieto desde que tenía meses hasta hoy que va a cumplir los dieciocho años y todavía me necesita a su lado. Por eso soy muy consciente de la misión que tenemos los abuelos en este mundo.
Felicidades, muchas, muchas, a tu querida madre.
El amor verdadero supera todas las fronteras.
Un beso con todo mi cariño

Maria Sanguesa dijo...

Gracias, Isolda, desde Valencia. Sí, es la historia de la generación de nuestros padres, de los suyos, de la sinrazón que recorrió España y costó tantas vidas y tantas cosas más... lo que restañaba las heridas, dentro de las casas, era el afecto y también el respeto que éste generaba... Muchos besos.

Maria Sanguesa dijo...

Muchas gracias por tus palabras, Militos, tu nieto tiene mucha suerte de tener a una abuela tan fuera de moldes a su lado. Yo siempre estuve muy unida a mi abuela, me sentía más hija que nieta, éramos bastante inseparables. De hecho, su retrato preside mi salón, y soy la depositaria de muchos de sus papeles y escritos... me fui a vivir de nuevo con ella cuando vi que se iba apagando y mi mayor consuelo es recordar que la vida me dio la ocasión de devolverle algo de lo mucho que me dio. Es cierto que para el amor no hay barreras, lo viví en primera persona, y a veces siento la pena de no haber tenido ocasión de vivir algo tan hermoso. Te mando muchos, muchos besos.