jueves, 27 de diciembre de 2012

LA VOZ DEL SILENCIO, POR ANDREA BOCELLI




Una hermosa canción y unas imágenes espectaculares, para poner un toque de belleza en estos días tan especiales, en estas fechas tan marcadas por las tradiciones navideñas, y que tanto nos hacen reflexionar sobre la situación de nuestro país- y del mundo en general- después de recoger los manteles, olvidar los postres, y encontrarnos con la realidad de nuestra vida diaria. 
Pero no olvidemos que, pese a todos los males que nos aquejan, vivimos sobre nuestra Tierra, nuestro maravilloso planeta, que tanto descuidamos y que, a pesar de ello,  nos regala una inmensa belleza cuando la mano del ser humano no llega a contaminar su grandeza. La obra del hombre debe de integrarse en la  naturaleza, debe de formar parte de ella, debe de respetar la armonía de sus proporciones, esa es la clave para que el mundo sea más habitable y consigamos conservar lo que, todavía, nos queda. Disfrutemos de esta música y de estos paisajes.Y, por favor, cuidemos de nuestros entornos naturales, son de todos, y todos somos pasajeros de la misma nave.
Ah, y un guiño en la distancia- miles de millas- a los amigos que me han mandado esta canción, ya sabéis  que la distancia más corta entre dos puntos es el afecto. Gracias.

3 comentarios:

Terly dijo...

Querida María:
Vengo a traerte aquí el comentario que he dejado en mi blog en respuesta a tu cariñosa visita.

"María Sanguesa:
Gracias por tu visita, comentario y afecto, querida María. Tambien yo deseo que, junto a toda tu familia, termines bien estas fiestas y que el próximo año os colme de felicidad y a ti en particular, de inspiración poética para seguir haciendo disfrutar al prójimo.
Un afectuoso beso."

catherine dijo...

Bien recibidos este mensaje y el anterior, que son complementarios.
Te mando mucho cariño para este fin de año y para el que viene.

Amando Carabias María dijo...

Bien dice catherine: son complementarios lo de estas entradas. Si no pudiéramos estar un poco a solas con los sueños, sería imposible arrostrar el dolor que el propio género humano se ocasiona a sí mismo.